Cantigas de Cruz y Luna.

Cervera del río Alhama, una pequeña villa castellana donde cristianos, judíos y musulmanes conviven en secular armonía, envía sus mejores gentes a la campaña de las Navas de Tolosa. Les acompaña la dulce Zahara, arrastrada contra su voluntad a una aventura donde, para sobrevivir, habrá de ser más fuerte que los más intrépidos cruzados.

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La novela

La novela
Una historia de aventuras en Cervera del río Alhama, una perspectiva nunca vista de las Navas de Tolosa

miércoles, 30 de octubre de 2013

Vizcaínos en las Navas de Tolosa

Los banderizos no solo peleaban entre ellos. Gentes entrenadas, aguerridas y bien equipadas, eran soldados apreciados por sus señores y reyes.
Ejemplo preclaro y representativo de la mentalidad de aquellos bizarros caballeros, es la participación de los vizcaínos en la más grande batalla medieval jamás disputada en tierras hispanas, la batalla de las Navas de Tolosa, en la que participó, dirigiendo la vanguardia cristiana, el señor de Vizcaya don Diego López de Haro, al que llamaron el Malo, por ceder Alarcos a los musulmanes.

Dirigía las tropas cristianas el rey de Castilla don Alfonso, que colocó a su derecha al rey de Navarra, reforzadas sus fuerzas por ricos hombres y gentes de los concejos castellanos, y a su izquierda al rey de Aragón.
El rey castellano formó con sus más allegados la retaguardia del haz central. La medianera correspondió a las órdenes militares junto a diferentes concejos castellanos y la vanguardia, como hemos dicho, la adjudicó al señor de Vizcaya y sus gentes, acompañado por sus hijos Lope y Pero y los señores de los Cameros.

Cuando estaban formadas las haces, dispuestas frente al enemigo, un temor cruzó el rostro del joven Lope. Equivocando la actitud de su padre en Alarcos, temió que en tamaña situación no supiera hacer frente al mayor ejército reunido hasta la fecha por los almohades, de manera que acercó su bridón al de su padre, descabalgó, y de rodillas ante su padre y señor, le dijo:
- Señor, os pido por merced que no repitáis los hechos de Alarcos, que mantengáis la cara al enemigo y que nadie, después de hoy, me pueda llamar hijo de traidor.
Don Diego, miró de arriba abajo a su hijo y, con media sonrisa en el rostro le respondió:
- Hijo mío. A ti, te podrán llamar hijo de puta, pero jamás hijo de traidor. Ahora bien, la demostración la tendremos ahí abajo -Le señaló las tropas musulmanas-. En este mismo lugar veremos si eres capaz de seguirme y como me guardas.
Lope Díaz besó las manos de su padre y le respondió:
- Señor, os guardaré como un hijo debe guardar a su padre y como un vasallo sirve a su señor.

Sin más palabras, cargaron al frente de las tropas cristianas alcanzando don Diego la primera sangre y realizó tales proezas aquél día que a partir de entonces le llamaron don Diego el Bueno.
Y fueron en esta batalla buenos caballeros sus hijos Lope y Pero Días, y don Ferrand Sánchez de Salcedo, Señor de Ayala y don Rodrigo Sánchez de Salcedo, su hermano y otros caballeros noveles a los que los sarracenos habían matado a sus padres en Alarcos.


lunes, 9 de septiembre de 2013

La guerra en la edad media

Una de las grandes fuentes de información sobre la vida y la milicia en la baja edad media, son las crónicas de Pero Niño, también llamadas el Victorial.
En este libro, se nos cuentas las hazañas de don Pero Niño, Conde de Buelna y Señor de Cigales y de Valverde. Fue escrita en el año 1436 por Gutiérrez Díez de Games, alférez que fue de Pero Niño.
Torre de Pero Niño en San Felices de Buelna.
Fotografía de PB Obregón
Extraordinaria fuente de información, con su lectura comprenderemos mejor la mentalidad medieval. Y para empezar, tomaremos un breve texto en el que el cronista nos relata, con meridiana claridad, y sin ninguno de los pudores con que la civilización actual nos condiciona, cuales eran las verdaderas razones por las que los hombres del medioevo partían a la guerra y lo que su señor esperaba de ellos: no la devoción a la corona, ni el valor, ni tan siquiera la victoria heroica sobre el enemigo, lo que se busca es, simplemente, la obtención de unos recursos que justifiquen el desembolso que ha supuesto para su patrono el equipar el ejército del que forman parte.  

En el Victorial se nos cuenta, entre otras muchas de sus hazañas, como teniendo Pero Niño cumplidos ya los veinticinco años, el rey de Castilla, Enrique III, le concede el mando de unas galeras equipadas por la corona con el encargo principal de dar caza a unos corsarios castellanos que robaban y saqueaban las costas del mar de Levante. Harto de sus tropelías, el rey mandó aparejar en Sevilla las galeras y ordenó que se escogiesen para tripularlas a los mejores marineros y comitres, que fueran equipadas con los más fornidos y animosos remeros y que eligieran a los que fueran experimentados ya en la mar de levante. También  dispuso el reclutamiento de los mejores ballesteros mareantes, duchos y probados en armar sus ballestas al cinto. Equipó luego con las mejores armas las galeras y a sus tripulantes, a los que pagó por anticipado las pagas acordadas y entregó además a Pero Niño buenas monedas de oro y plata para que dispusiera de capital que gastar en las ciudades y reinos extraños que visitara.
Ballestero cargando "al cinto"
Arriba a la izquierda, la avancuerda que,
sujeta al cinto, permitía tensar la cuerda
haciendo fuerza con la pierna sobre
el estribo.
Presta la expedición, parte el señor de Cigales perfectamente equipado en busca de los corsarios. Pero, tras varias jornadas de navegación y como las galeras no conseguían localizar a los corsarios por entre las islas mediterráneas donde esperaban encontrarlos, deciden posponer para mejor ocasión su castigo y decide acercarse a las tierras vecinas en busca de algún otro medio con que rentabilizar la partida que se le ha encomendado. No tardan en descubrir un aduar dedicado a la agricultura vecino a la costa. Buen militar y eficiente estratega, Pero Niño organiza una avanzada que evalúe la capacidad militar del nuevo objetivo y la configuración geoestratégica del lugar. A sus hombres les ordena que evalúen la cantidad y calidad de los ganados y demás riquezas del poblado, así como los mejores caminos de aproximación y retirada. Una vez en posesión de cuantos datos necesita un buen general para asegurarse el buen término de su campaña, Pero Niño reúne a sus hombres en las galeras. 
Todos esperan las palabras de su capitán, saben de su valía y están dispuestos a obedecer sus órdenes fueran cuales fueren. La espera aumenta la tensión entre los hombres y el señor de Cigales juega con ella hasta que considera llegado el momento adecuado para comenzar su exhorto. Les recuerda entonces que están allí por gracia de su majestad el rey Enrique, que les ha pagado sus buenos dineros para que cumplan con el trabajo que se les  encomienda y que ha gastado una fortuna en equiparlos y pertrecharlos con el mejor armamento.
Por todo ello, les dice: siendo como son hombres enteros y bien nacidos, deben agradecer su generosidad volviendo a Sevilla con muchas mercancías y las mayores ganancias posibles.
Convencidos todos por las razones del capitán, desembarcan en tierra firme perfectamente armados para atacar la aldea. Determina entonces don Pero donde debe colocarse la bandera y las trompetas de señales, quienes han de realizar la avanzada y quienes controlar las entradas y salidas del lugar,  indica qué gentes deben quedarse junto a la bandera y quienes habrán de asaltar el pueblo y ordena a sus hombres cautivar y matar y poner a fuego el aduar. Además, en vista de que la retirada podría complicarse si los soldados cargaran con un botín demasiado pesado, ordenó también que no tomasen cosa alguna que los estorbara en su retirada, salvo hombres y mujeres y criaturas. Y que a los que no pudiesen traer, que los pusiesen a espada y que los matasen.

Más claro, imposible. Las palabras del cronista, en un libro escrito por encargo de quien a de ser su protagonista exclusivo, consagrado a ensalzar las proezas y bien hacer de don Pero Niño, señor natural del autor, son más que reveladoras de la mentalidad medieval. 
La moral moderna es incapaz de comprender los principios por que se regían aquellos hombres y siempre que intentemos juzgarlos desde una perspectiva actual habremos de caer en los errores maniqueístas que ya hemos comentado otras veces.



viernes, 19 de julio de 2013

Lanza mareante

Ya hablamos en un artículo anterior sobre la lanza como unidad militar medieval, indicando que era la unidad básica de caballería, formada por caballería pesada, ligera y  hombres de a pie.
Veíamos como se denominaba así, no solo al arma por antonomasia del caballero (pues era este arma la que identificaba al caballero, que no la espada como se suele suponer), sino a un grupo de soldados bien entrenado, completamente equipado y perfectamente estructurado.

Pero también se daba el nombre de lanza a otra pequeña unidad  militar, esta vez en el cuerpo de marina. Se trataba de la lanza mareante, pagada a perpetuidad y en buenos maravedíes (en torno a los 2000 por unidad) por el monarca de turno a los jauntxos que se las alquilaban.
En muchos de los casos, acompañaban a estas lanzas ballesteros, también mareantes, todos ellos soldados especializados en el combate en la mar.
Es muy difícil llegar a determinar la composición de estas lanzas mareantes, ya que ciertos autores mantienen que se trata de un simple lancero entrenado en el combate sobre las embarcaciones, aunque me resulta tremendamente difícil de creer que el rey que fuera pagase semejante dineral por un solo hombre armado. Es más creíble que se tratara, como en la lanza de caballería, del equivalente medieval de una escuadra militar actual, unos cuatro o cinco hombres, equipados con armas de mano, dirigidos por un cabo y a los que habitualmente acompañarían un cierto número de ballesteros que les ofrecerían cobertura a distancia.

Para terminar, e ilustrar mi afirmación anterior respecto a que el arma que identificaba a un caballero medieval era la lanza y no la espada, nada mejor que transcribir dos ejemplos de nuestro insigne cronista. Don Lope de Salazar nos cuenta que:

Don Sant García, al que llamaban el cabezudo –no se sabe si porque la tenía muy grande, o por que la tenía muy buena, que ambas cosas de él se decían- era señor de las Urcavuscas y las aldeas del valle de Orduña, que se las ganó por lanza a don Lope de Mendoza, su cuñado.

Y abundando en esta apreciación, me parece definitivo el que cuando los San Pedro llamaron a Pero López para que les ayudara en los conflictos que tenían con los Ezpeleta, que ya habían decapitado a su suegro, vino a buscarlo Velche de Ezpeleta para decirle:
- Pero López, como bien sabes, yo soy aquí tenido por el hombre más esforzado y experto en hechos de armas de esta tierra y creo que a vos os han traído para vengar la muerte de vuestro suegro diciendo que sois la mejor lanza de toda Guipúzcoa. Maté a vuestro suegro en buena pelea, cuando él trataba de matarme a mí. De manera que, si os parece, peleemos nosotros dos hasta que uno de los dos, o ambos si hiciera falta, muramos.
Aceptó Pero López y Pero López vengó a su suegro matando a su asesino en combate singular.


Como podemos ver, el cabezón ganó sus tierras por la lanza, que no por la espada, y don Pero era la mejor lanza de toda Gipuzkoa, no la mejor espada. Porque era la lanza y no la espada el arma que definía a un guerrero medieval, como el revolver lo hacía con el pistolero del Far West.
Digan lo que digan Hollywood y los pseudo-intelectuales de turno.

martes, 9 de julio de 2013

La Torre, símbolo y esencia del banderizo

En los anteriores artículos hemos comentado como se constituía un nuevo linaje.
Tras ampliar la familia con los nuevos parientes, acumulado suficientes fuentes de beneficios como para mantener el nuevo estatus conseguido y ayudar a sus dependientes a medrar, y reunido en torno al núcleo familiar un grupo de hombres de armas lo suficientemente fuerte como para poder defenderse, al nuevo Jauna le llegaba el momento de realizar el acto definitivo del linaje, levantar una casa fuerte. Debía ser una construcción fácilmente defendible y bien situada, donde protegerse ellos y sus bienes, a más de constituir un lugar de referencia para sus gentes desde donde dirigir el conglomerado de tierras, bienes y personas que conforman el nuevo linaje.
El linaje de Arançivia es de buenos fijosdalgo e el primero que lo fundó fue Pero Ortiz de Arançivia, fijo vastardo de Furcán Garçía de Arteaga, el Viejo, que lo ovo vastardo, e fizo la torre de Aranavia e ayuntó muchos parientes e fizo solar.
E  hizo solar, en su primera acepción de la r.a.e.: casa, descendencia, linaje. Por fin la casa de Arancibia se constituyó como un apellido a respetar. Creó la base desde la que prolongarse en el tiempo y trasmitir su sangre y sus valores.
Esta torre o casa fuerte, habitualmente se nombrará por el topónimo (el nombre por el que se conoce el lugar) donde se alza y da valor de institución al nuevo solar o linaje, que tomará su nombre como apellido a partir de ese momento renunciando al que hasta entonces había llevado.
Esta nueva torre ha de cumplir tres funciones básicas: ha de ser fortaleza, símbolo del nuevos estatus alcanzado y hogar del señor.
La más básica sería de madera –elemento barato, abundante y que permite una construcción rápida si es necesario- contrita sobre base cuadrada, de dos alturas y tejado a dos aguas. Pero esta solo podía cumplir una función defensiva, carecía de las otras dos premisas necesarias para poderla considerar cuna del apellido.
Importante también era su ubicación para poder controlar y defender los puntos estratégicos para los intereses del linaje y estos lugares se elegían en función de cual fuera la base de la riqueza del apellido. Si este era el comercio, la torre había de controlar los pasos y caminos obligados de personas y mercancías. Así tendría controlada a la competencia y se facilitaría a su vez el propio comercio y la distribución de los bienes producidos. Si la riqueza de la familia provenía la producción de energía (las aceñas o molinos), de ferrerías o ermitas, la torre se situaría en sus cercanías para protegerlas.
Torre de Etxaburu. Fotografía de Txemi Ciria
En más de un caso el nuevo linaje provenía de comerciantes o agricultores con posibles, que habían alcanzado la suficiente fortuna como para levantar en sus tierras o su villa un palacio o caserío. Solo cuando se consideraron seguros de su poder y convencidos de poder preservarlo, le decidieron a reconvertirlos en torres para poder fundar solar. Así, a su casa solariega, le añadirían adarves defensivos, ladroneras, aspilleras, cercas y fosos para indicar a sus vecinos su nuevo estatus, que estaban dispuestos a defenderse y que disponían de los medios adecuados para hacerlo.
Bien sobre el caserío ya levantado, bien de nueva construcción, el nuevo linaje marcaba su nueva posición social con una torre de piedra que demostrara a quien la viera su éxito y poder, demostrando a sus vecinos que podía construirla y estaba dispuesto a defenderla.

Ejemplo de cómo el buen dinero permite fundar linaje y alcanzar alianzas con las familias más fuertes puede ser el linaje de Iraeta:
la mar. Ehijos e dos hijas. E el hijo mayor fue Juan Beltrán, que casó en el solar de Achoga e hizo el solar por los muchos dineros que le dio su padre, e Martín Sanz de Iraeta, el hijo menor, casó en Zaráuz; y tuvo el solar de Iraeta una hija que casó en Olaso e la otra en Loyola.
Para cumplir con su función militar, las torres se construían normalmente con gruesos muros (de más de metro y medio de espesor) con su parte baja ciega o, a lo más, con unas pocas aspilleras. También se dotaban de aspilleras y saeteras al resto de pisos, almenas en su parte más alta, voladizos y patines que defendieran su entrada, cadalsos, castillejos y cuantos otros elementos defensivos pudieran añadírsele. Elevadas sobre el terrero circundante y con su perímetro bien defendido, normalmente por un foso más o menos profundo que se puede complementar con un barreado (empalizada), una mota (amontonamiento de tierra) o con una muralla de poca altura construida de piedra o mampuesto.
Solían ser cuadradas o cuadrangulares, de unos diez metros de lado y entre doce y veinte metros de altura, con tres o cuatro pisos unidos entre sí por el interior mediante escaleras de madera. Como de las técnicas constructivas no eran especialmente depuradas, para conseguir esa altura se sobredimensionaba el espesor de las paredes de los pisos inferiores, sobrepasando en muchos casos los dos metros de ancho, mientras las paredes último piso podían ser de madera y yeso con apenas 30 o 40 centímetros de espesor.
La planta baja, con suelo de tierra apisonada y de hasta seis metros de altura, era utilizada como cuadra, almacén o caballeriza y por razones higiénicas y defensivas no solía tener conexión directa con el resto de la casa.
A la primera planta se accedía habitualmente por una escalera exterior dotada de patín. Era normalmente la planta de más altura de la casa, con suelo de tablazón –muchas veces con ranuras desde donde deshacerse de los desperdicios arrojándolos al piso inferior,  y era donde se disponía la cocina, la sala común y los dormitorios de los criados.
La segunda plana o principal, era la residencia del señor, lejos de las humedades y ruidos del primer piso, con más luz y mayores ventanas y lujosamente amueblada con alfombras y tapices, y  desde donde -solo en algunos casos- se tenía acceso a una cuarta planta, también residencial.
La distribución interna se lograba separando los ambientes mediante cortinas o maderamen y se remataban por tejados a cuatro aguas o terrazas. Siempre de gruesos maderos que resistieran tanto las inclemencias del tiempo como los bolaños que les pudieran arrojar sus posibles agresores.
Normalmente, solían construirse orientadas al sur, para aprovechar al máximo el calor del sol, con muros dobles de mampuesto que se rellenaban con mortero, escoria o grava y a los que dotaban de esquinales de sillería que les dotaban de mayor robustez. Quien disponía de más posibles, empleaba el sillarejo, y solo unos pocos se podían permitir el levantar su torre enteramente de sillería.
Si aumentaba la familia y creía el poder del apellido y sus sirvientes, al cuerpo principal se podían adosar los que llamaban palacios, otras estructuras -esta vez de madera en su totalidad- dende habitaban el servicio y criados.
Eso sí, es la fachada principal de la nueva torre, siempre habría de lucir, orgulloso y desafiante, el escudo policromado del apellido.


lunes, 17 de junio de 2013

El origen del Linaje (y III) La gens romana, la familia y sus clientes

Ya hemos determinado anteriormente que el linaje era la agrupación de familias descendientes de un antepasado común. A estos individuos unidos por lazos familiares se les añadían los que entonces llamaban parientes, aunque no tenían porque tener vínculos de sangre entre sí, eran los encartados, criados, contratados, siervos, collazos y esclavos que trabajaban para la familia original y constituían todos juntos un linaje que llevaba el nombre de aquél primer antepasado. Estos linajes se unían entre sí por lazos de sangre o intereses comunes y formaban una superestructura a la que dieron en llamar bando.

Esto que a día de hoy nos puede parecer algo extraordinario y privativo de nuestros banderizos, algo que podría distinguir a nuestros antepasados del resto de la humanidad, resultaba simplemente el medio más eficaz para sobrevivir y medrar en una sociedad desestructurada como era la europea en la alta edad media, un medio que había probado su eficacia desde siglos atrás. Sus gentes, a la caída del imperio romano, sin un estado fuerte que organizara territorio e hiciera evolucionar su sociedad, se mantuvieron en las estructuras básicas romanas, aquellas vigentes en este territorio antes del crac social que supuso la llegada de las tribus bárbaras del norte.
Porque, nos guste o no, fue precisamente allí, en la península vecina, donde  se cimentaron las bases estructurales de la sociedad medieval peninsular, ordenadas sus gentes, atribuciones y fuerzas desde siglos atrás en linajes y bandos.
Aunque ellos los llamaron familia y gens.
La gens era la estructura social original de los romanos antes de que naciera un estado fuerte que aglutinara y protegiera a su población, en un período donde los individuos debían sobrevivir por sus propias fuerzas, sin una superestructura administrativa que les amparara. La formaban todos los descendientes de un mismo antepasado, propietario de tierras, que se distinguían por su cognomen o apellido. Estos a su vez componen familias diferenciadas, que se integran en la macroestructura de su gens aportando sus gentes, clientes y posesiones, tierras, bienes y esclavos. Los romanos llamaban clientes a aquellos hombres libres que aceptaban la protección de un ilustre -o noble- situado en una posición más alta en la escala socieconómica. Al ser aceptado como cliente, entraba a formar parte de de la familia de su patrón y aceptaba la autoridad del paterfamilias o superior de la gens a la que pertenecía su patrón. Esta disposición social permitía a los individuos con pocos recursos, formando parte de un grupo mucho más poderoso como era la gens, sobrevivir y crecer a salvo de sus vecinos hostiles más fuertes.
La forma de entrar a una gens podía ser el nacer dentro de su seno o ser aceptado como cliente por quienes ya formaban parte de ella.
Finalmente, la gens romana pierde su importancia vital ante la llegada de una estructura social superior como es el estado. Con el nacimiento de la república y luego con el imperio, la gens se incrusta en el nuevo orden social tratando de mantener sus recursos y poder, para ello se enfrenta a las otras gens por hacerse con los resortes económicos y políticos de la nueva sociedad hasta hacerse tan poderosas que llegan a hacer peligrar el estatus del propio ponen en peligro al propio monarca. Pero finalmente, este sistema básico de estructuración de la sociedad agraria prácticamente desaparece y se diluye en la nueva ordenación social más homogénea y eficaz.
La única diferencia real entre nuestro Pariente Mayor y aquél Paterfamilias, más allá de la propia nomenclatura, es el componente religioso que el romano incorporaba. Independientemente de cómo los nombremos, es evidente que los bandos, exponente último de los linajes y razón de ser de los banderizos, formaron parte del juego político romano y ambas perdieron su pujanza frente al poder absoluto de los nuevos monarcas.

Porque si cambiamos las palabras gens por bando, familia por linaje, ilustre por hidalgo, cliente por pariente y paterfamilias por pariente mayor ¿encontraríamos alguna otra diferencia sustancial entre una estructura social y otra?


lunes, 10 de junio de 2013

El origen del linaje (II) linajes y bandos

Como decíamos en el anterior artículo sobre el nacimiento de los linajes, en los primeros años, unas pocas familias, más poderosas que sus vecinos que disponían de la fuerza militar suficiente como para poder mantener por sí mismas sus haciendas, y generalmente con privilegios reales, comienzan a ceder a sus descendientes -mediante el mayorazgo- cada vez mayores extensiones de tierras junto a los collazos, labradores y esclavos que las habitaban. Para evitar que esta potencia económica y militar se disgregue y mantener cohesionada la herencia comienzan a formarse alianzas entre los descendientes de esta familias y dan forma así a los primeros linajes, los iniciales, que aglutinarán en torno a si a todos los demás que vayan surgiendo.
Porque a principios del siglo XIII vemos aparecer otros linajes nuevos que no descienden directamente de los nobles o sus tenentes. Son bastardos de los poderosos que cuentan con la parte de herencia que les adjudica su progenitor  u otros hombres libres, propietarios campesinos, que adquieren la fuerza suficiente como para mantener el nuevo estatus alcanzado, resguardarlo de sus vecinos y dejarlo en herencia a sus descendientes.
Así, surge un nuevo linaje cada vez que un individuo se nuestra capaz de defender de manera efectiva  sus propiedades, trasmitirlas indemnes a sus descendientes e identificar el conjunto de tierras y propiedades con su nombre, generalmente el toponímico del lugar donde levanta su primera casa (Basurto, Zabala, Oñate…) aunque otras muchas veces empleen el sobrenombre por el que se les conocía (Borte, Marroquín, Hurtado...). Una vez asentado este nuevo linaje, comienza a reunir a su alrededor a parientes cada vez más lejanos y más dependientes económicos, además de empleados a sueldo, sean artesanos, menestrales u hombres de armas, lo mismo da, todos juntos formarán la nueva parentela que le permitirá a este nuevo hidalgo fazer torre e solar.
Porque con este nuevo poder en sus manos, el nuevo jauna necesita un lugar seguro desde donde dirigir sus posesiones. Allí donde comenzó su carrera como hidalgo levantará la casa fuerte del apellido, la torre que constituye el corazón del linaje y epicentro de su solar. Un lugar que física y espiritualmente dará consistencia y permitirá perpetuarse en el tiempo a la nueva familia.
Ejemplo arquetípico del hombre común fundador de un poderoso linaje son los poderosos Zurbaran, originarios de unas caserías que son cerca de Bilbao, que eran pecheros del señor. De allí poblaron Bilbao e ganaron como mercaderes e multiplicaron e ganaron hacienda e ficieron linaje mucho poderoso.
Cuando estos nuevos linajes adquirían la suficiente importancia y conseguían perdurar en el tiempo, el señor aceptaba de hecho su nueva condición de hidalgo a cambio de ciertos derechos económicos, como diezmos, caloñas, derechos de paso, vasallaje y servicio militar Una vez podríamos decir que institucionalizados, se vinculaban de forma natural con otros nuevos linajes vecinos mediante cartas. Así surgen de manera natural los bandos.
Ya asentados, y simultáneamente a su crecimiento, estos linajes emergentes reestablecen sus relaciones con las comunidades de las aldeas y adquieren derechos eclesiásticos levantando ermitas que les conceden un ascendiente natural sobre el resto de la población vecina muy similar al existente entre los hombres libres y los señores.
Con el transcurso de tiempo también los nuevos apellidos crean nuevos linajes secundarios al casar a sus hijos e hijas -bastardos o legítimos- con labradores ricos, que aportaban más propiedades y fuerzas al linaje reciente.
En este marco socio económico estalla la crisis bajo medieval que fuerza a los linajes a competir por unos bienes cada vez más escasos. Los bandos formados por los diferentes linajes sirven en este contexto para defenderse de los vecinos más poderosos y contener sus pretensiones.
Simultáneamente aparecen las villas como defensa de las aldeas frente a la violencia que impera en la tierra llana por las luchas entre los diferentes linajes por hacerse con los recursos económicos cada vez más escasos y acogen entre sus murallas a los más expertos artesanos y técnicos concentrando tras sus murallas las nuevas ciencias y tecnologías, mientras se multiplican los nuevos linajes que merman el poder de los todopoderosos primeros señores y complican hasta el extremo la composición de los bandos.

Pero esta falta generalizada de recursos económicos, no solo exacerba la violencia de las luchas de  bandos, también obliga a los nuevos hidalgos a diversificar sus fuentes de ingresos. Así se esfuerzan  en penetrar en la administración pública de las villas para participar como alcaldes y prebostes y poder beneficiarse de sus mercados y talleres, asumen patronazgos de iglesias y conventos recibiendo parte de los beneficios que estos atraen, impulsan  la construcción naval y participan como constructores y armadores en el desarrollo de la marina mercante, explotan la riqueza mineral de la tierra monopolizando la extracción de hierro y encuentran en el comercio una nueva forma de incrementar su riqueza que, de manera tangencial les pone en contacto con otras culturas, aumenta sus conocimientos y enriquece en tal modo su sociedad hasta entonces rural que, de una manera natural, permite el arribo del vecino renacimiento.

Para ilustrar el nacimiento de un nuevo linaje y su inclusión en el bando respectivo, transcribo las palabras de Lope García de Salazar sobre el linaje de los Valda:
Dice de este linaje -el más poderoso tras los Olaso del bando Gamboíno- que tiene su origen en un tal Ochoa López originario de las tierras de Valda, vecinas a la villa de Azcoitia. Su nieto primogénito, Ladrón de Valda, al que le correspondía el mayorazgo, murió sin descendencia pero su hermano menor tenía una hija que heredó todos los bienes de la familia y esposó con el doctor de Ondarroa, hombre muy rico poderoso. Este doctor compró Santa María de Valda a un privado del rey don Enrique  y casó a su hijo con la hija de Martín Ruiz de Ganboa. 
A la muerte de su padre el doctor, este hijo quedó heredero de aquél lugar de Valda.
Tierra, casa, monasterio y buenos parientes. Ya tenemos un nuevo linaje asentado y con garantía de pervivencia. 

lunes, 3 de junio de 2013

La lanza (II) una pequeña anécdota con la lanza como protagonista

Me comentan sobre la falta, en el anterior post sobre la lanza, de alguna anécdota ilustrativa del uso y empleo de esta arma, de largo la más empleada en la edad media.
Como no me gusta desairar a los aficionados a este período histórico, paso a relatar una anécdota narrada por Lope García de Salazar y ocurrida en tiempos del rey Alfonso VIII de Castilla.

Escribe nuestro cronista que, acuciado Alfonso por los enormes gastos que las guerras con los reinos vecinos le ocasionaban, decidió crear un nuevo impuesto de ocho maravedís para gravar a los hidalgos de su reino "E d'estos maravedís era moneda gruesa, que valía la dobla castellana siete maravedís"

El caso es que el buen rey pidió consejo a su  alférez Diego López de Haro, el fundador de la villa de Bilbao. Cuando le expuso sus pretensiones, don Diego comentó a su monarca:
   -Señor, los fijosdalgo malos son para pecheros.
  Pero el rey, espoleado por la necesidad, no prestó oídos a su consejero y tanto le apremió que este finalmente le contestó:
      -Señor, como quier que sea, pues vos tanto lo queredes e avedes menester, yo pagaré los ocho primeros.
   Satisfecho de su gestión, el rey convocó a cortes a todos sus nobles en  Burgos y, una vez todos reunidos, les expuso sus exigencias.
Cuando el rey terminó de hablar, don Diego se levantó y colocó frente al monarca sus ocho maravedís, pero su acción no consiguió el efecto que Alfonso esperaba. En lugar de imitar al de Haro, se alzó don Nuño de Lara para decir:
     -Señor, donde yo vengo los cavalleros e fijosdalgo nunca fueron pecheros.
   Y, alzándose, invitó a cuantos de los allí presentes les disgustara el pagar los impuestos que el rey pretendía a que le siguieran. A su requerimiento se alzaron todos los caballeros, salvo el dicho López de Haro y otros cuatro que quedaron en compañía del rey. 
Todos los demás marcharon al palacio de el de Lara y una vez reunidos se equiparon con todas sus armas para volver al campo de Santa María de Gamonal. 
Allí dispuestos los tres mil hombres de a caballo sobre el campo, enviaron a dos de ellos a decir a su señor natural que estaban dispuestos a pagar los ocho maravedís que les quería cobrar de pecho, tal y como los habían pagado hasta entonces sus antepasados. 
Que los tenían cada uno de ellos en una bolsa colgada en la punta de su lanza y que solo tenía que mandar a alguien a recoger el pecho que pretendía cobrarles, pero que les hiciera el favor de no ir él en persona  porque lo "querían guardar como a su rey e soverano señor".
Sobra decir que el buen rey decidió eximirles del nuevo impuesto, echó las culpas de la ocurrencia a su consejero  "E mandólos venir a su palaçio e dioles previllejos de livertad e desterró a don Diego López e quitóle la tierra".

Pero claro, estas son cosas que solo podrían suceder en el medioevo. 
A ningún gobernante actual se le ocurriría gravar con nuevos impuestos a sus gobernados para que pagaran ellos sus decisiones equivocadas y echar luego la culpa a sus consejeros y a los reinos vecinos si su política no daba el resultado que él esperaba.


Besamanos a Fernando V por los vizcainos en 1476

Besamanos a Fernando V por los vizcainos en 1476
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Bilbao en el siglo XV

Bilbao en el siglo XV
Así se supone que podía ser Bilbao a finales de la Edad Media

Casa torre de Etxaburu (fotografía de Txemi Ciria Uriarte)

Casa torre de Etxaburu (fotografía de Txemi Ciria Uriarte)
La casa, origen del linaje, razón de ser de los bandos

Espada de mano y media, también llamada espada bastarda - 1416

Espada de mano y media, también llamada espada bastarda - 1416
Armas de lujo para los privilegiados de la tierra

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