Cantigas de Cruz y Luna.
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La novela
miércoles, 3 de agosto de 2011
Las armas medievales, de la R hasta el final
martes, 2 de agosto de 2011
Las armas blancas medievales, de la M a la P
Las armas medievales de la E a la L
lunes, 1 de agosto de 2011
Las armas medievales C - D
Cachetero- Cuchillo corto y ancho de punta muy aguda, que tiene sobre el puño un apoyo para el dedo pulgar.
Canivete- Cuchillo pequeño que se llevaba en la misma vaina que la daga.
Chuzo- Palo armado con una punta aguda de hierro.
Cimitarra- Sable curvo y de punta aguda.
Cinquedea- O lengua de buey. Cuchillo o espada corta de hoja muy ancha (del italiano: cinco dedos).
Clava- Porra de madera.
Clava ferrada- Clava reforzada con clavos de hierro.
Corcesca- Especie de alabarda con asta más larga y que tenía en la base del hierro dos aletas afiladas para cortar las riendas de la caballería.
Corchete- Horquilla de hierro con mango largo y a veces con una punta en el centro, empleada para derribar a los jinetes.
Corta riendas- Cruceta de la lanza. Se afilaba para realizar el trabajo que su nombre indica.
Cortadillo- Arma de asta corta con una cabeza ferrada rematada por una punta de sección cuadrada. También llamado godenart o goedendag ("buenos días").
Cortel- Cotiell, coilltell, coltell, y otros modos. Puñal de hoja ancha, semejante al actual cuchillo ancho de carnicero. Podía tener escotaduras en el recazo para afirmar el dedo por encima de la guarnición.
Cuadrillo- Dardo de ballesta de sección cuadrada o de punta cuadrada.
Cuchillo- Arma blanca, corta, de una sola mano.
Cuchillo de arzón- El cuchillo que se llevaba fijo al arzón de la montura.
Cuchillo de brecha- Archa.
Daga- Arma blanca, de hoja más corta que la espada y con guarnición para cubrir el puño.
Dalle- Dalla o guadaña. Se confunde con la bisarma.
Dardo- Nombre español del cinquedea.
Dardo- Nombre genérico de toda arma que se arroja con la mano.
Desjarretadera- Media luna de hierro, afilada, que puesta en el extremo de una vara sirve para desjarretar a los toros. También utilizada como arma contra la caballería.
Destral- Hacha de una mano.
Dolón- Estoque o puñal oculto en un bastón. De dolo: Engaño, fraude, simulación.
jueves, 28 de julio de 2011
Las armas medievales - A-B
Con el objetivo añadido de dar a conocer el nombre español de algunas armas más conocidas por su nombre foráneo que por el suyo propio en castellano.
Como es seguro que algunas faltan y en otras habré errado, agradeceré cualquier aportación a este glosario y las correcciones que fueren necesarias.
Sin más, empezaremos con la relación de armas, letras A y B.
Abrojo-Pieza en hierro con cuatro puntas dispuestas en pirámide que, caiga como caiga, siempre muestra una de ella en alto. Utilizada contra caballería. También se utilizaron abrojos piramidales de madera
Alabarda- Arma enastada con la cabeza armada con una punta de lanza, una hoja de hacha por un lado, y una punza o gancho más pequeño por el otro
Alarica- Asta larga con punta de tres filos
Alcón- Arma de asta de dos manos empleada por la infantería contra caballería. Como un hacha de armas con un pico curvo en el peto opuesto.
Almadana o Almadena- Porra o mazo pesado de hierro.
Angón- Chuzo largo de hierro y agarre de madera con punta dotada de arpones
Archa- Arma de asta, con la punta como un cuchillo ancho, de un solo filo
Arco- Arma hecha de madera u otra materia elástica, sujeta por los extremos con una cuerda que sirve para disparar flechas.
Arma de arzón- Voz genérica. Cualquiera que llevara el caballero como segunda arma fijada al arzón de su montura
Azagaya- Lanza corta arrojadiza
Azcona- Chuzo. Palo armado con una punta de hierro
Azote de armas o Mayal de armas- Consistía en dos bastones gruesos de madera unidos entre sí por una cadena corta. El más largo sirve de agarre y el corto está reforzado con hierros o púas para golpear con él
Ballesta- Arma utilizada para arrojar saetas, compuesta de arco y cuerpo. Más lenta y de menos alcance que el arco, pero de tiro más potente y más sencilla de emplear.
Barazano- Cuchillo ancho de un palmo de largo
Beldana- O beidana. Arma de una mano de hoja curva y un solo filo, más ancha en el extremo y sin punta.
Bidente- Asta con cuchilla de media luna en su extremo. Usado contra caballería
Bisarma- Arma de asta contra caballería, con cuchilla en forma de hoz y rematada por una punta
Bordona- Lanza ranurada y hueca que se usaba en los torneos
Botavante-Vara larga armada a modo de chuzo utilizada por los marineros en los abordajes
Broncha- Cuchillo muy ancho
Buglosa- Daga corta y ancha
Buido- Puñal de tres o cuatro filos vaciados
Buja- O Guja. Archa armada con púas en el contra filo.
jueves, 21 de julio de 2011
Desmitificando al caballero medieval
El caballero medieval es sobre todo un símbolo. Héroe noble, de brillante armadura, que despliega al viento banderas de brillantes colores para luchar, espada en mano, en socorro del débil, la viuda o el huérfano. Pero la realidad es mucho más compleja, y la verdad del caballero mucho menos romántica. Lo lamento, pero creo que es hora de ir abriendo los ojos y afrontar de una vez por todas la cruda realidad.
La imagen que hoy en día tenemos del caballero medieval es totalmente falsa, fruto de tres grandes mentiras:
La primera mentira nace precisamente en la edad media, cuando caballeros e hidalgos eran quienes dirigían la sociedad. En una época en la que la cultura estaba en manos de una pequeña minoría, cuando solo el clero y los individuos pertenecientes a las clases altas sabía leer. A ellos estaban destinados los escritos y crónicas, y por lo tanto, los autores se cuidaban muy mucho de escribir algo que pudiera ofenderles. El cronista y el juglar trataban de redactar sus historias y escritos de la manera en que más podrían agradar a quien había de pagárselas: el rey o sus caballeros. Una novela que no dejara en buen lugar a los caballeros simplemente no tendría ninguna venta. Esto nos lleva a una imagen idealizada del caballero medieval, fiel hasta la muerte a su rey y sus principios de honor, lealtad y ayuda al necesitado.
La realidad era muy diferente. Para un noble, la plebe simplemente no existía, y si existía valía mucho menos que el ganado que apacentaba. Labriegos, collazos y siervos eran de su propiedad y disponía de ellos como mejor le convenía. Sobre las relaciones con su rey… solo tenemos que leer por encima cualquier crónica medieval para encontrar luchas palaciegas, cambios de vasallaje y todo tipo de ajustes políticos en función de los intereses del momento. En cuanto al honor, baste indicar que, cuando lo nombraban, se referían al honor medieval, no a lo que hoy llamamos honor. A día de hoy a nadie le parecería honorable el tomar al asalto una población de pacíficos labriegos para saquearla, o asaltar a un conde vecino para cobrar rescate por él y repartir luego lo conseguido con tu monarca. En cambio, en el cantar del mío Cid se narran estos hechos como demostraciones de la valía y honor del bueno de Rodrigo.
La segunda mentira que nos ciega ante la verdad de la caballería es fruto de la mercadotecnia del entretenimiento, tanto europeo como estadounidense. Me refiero a las películas y novelas ambientadas en la edad media. Reconozcamos que es mucho más vendible un caballero limpio, justo y amable con las damas, que un energúmeno que solo se lavaba cuando le pillaba la lluvia en descampado, que tenía las mujeres como botín de guerra y que, cuando cabalgaba “en defensa” de las tierras de su señor, capturaba cuantos prisioneros pudiera para luego venderlos como esclavos a su vuelta. Y esto no solo era cuando asaltaban tierras musulmanas, que lo mismo hacían con la gente de los reinos cristianos vecinos.
Por último, la tercera mentira somos nosotros mismos, nuestra búsqueda de comodidad y nuestro empeño en rechazar todo aquello que nos obligue a pensar o nos inquiete, incluso la propia verdad. Para el urbanita del siglo XXI, es más cómodo el considerar que nuestros antepasados eran cristianos honorables, justos y valientes, no como los malvados sarracenos o los implacables y sucios vikingos. Es mucho más fácil sentirse parte de una comunidad, nación o patria, si imaginamos a quienes la formaron como seres libres de bajas pasiones, arrebatados por un impulso divino y guiados por los más altos ideales patrios y divinos. En mucho más tranquilizador ver a Alfonso VIII como el valeroso rey cristiano, vencedor del sarraceno invasor en las Navas de Tolosa, que como el monarca castellano que mandó cortar pies y manos a Dominguejo -un pobre criado capaz de arriesgar su vida por servirle y que le entregó el castillo de Zurita- simplemente por que no se fiaba mucho de él.
Cruel conclusión: Tenemos una imagen totalmente distorsionada de los caballeros medievales, creada en la época moderna por los escritores románticos y los ideales caballerescos son, simplemente, una hermosa quimera. El caballero combatía, no por el honor, sino por el botín que obtenía en sus algaras y servía a su rey no por lealtad, sino a cambio de tierras, prebendas y protección.
lunes, 18 de julio de 2011
Sobre las batallas medievales y la guerra en la edad media (preámbulo).
Para empezar esta particular visión de la guerra en la edad media, solo decir que la imagen general de batalla medieval que tenemos la mayoría de nosotros, la forma en que nos imaginamos la guerra durante la edad media es, simplemente, falsa.
En los posts que seguirán a este preámbulo, trataré de ofrecer una imagen lo más ajustada posible a lo que considero fueron en realidad los ejércitos medievales desarrollando los cinco puntos que considero equivocados y que a continuación enumero:
Punto uno: durante toda la edad media las batallas campales fueron pocas, muy espaciadas y con pocos efectos prácticos. La guerra medieval consistía, básicamente, en escaramuzas de poca importancia pero mucho revuelo mediático.
Dos: es falso que las batallas medievales consistieran únicamente en un grupo indisciplinado de individuos frente a frente y dándose mandobles uno a otro hasta que uno de ellos caía. Esto es tan falso como la imagen del caballero medieval que no se podía levantar por sí solo si caía al suelo.
Tres: La cantidad de soldados involucrados en aquellas batallas es tan fantástica como parcial era la opinión del cronista que los reflejaba. Según las crónicas, moría más gente en una sola batalla que habitantes tenía Europa en aquellos momentos.
Cuatro: No es cierto que una batalla medieval consistiera básicamente en el choque de dos contingentes de caballería pesada. Los caballeros medievales, cubiertos con cota o armadura, podrían ser el corazón pero no eran la única arma del ejercito medieval, ni tan siquiera la principal.
Y cinco: El arma más utilizada en la batallas no era la espada, como erróneamente nos han hecho creer las películas de Hollywood y los retratos de los héroes que en ellas participaron. La espada era una herramienta cara, valiosa y escasa en aquellos años.
Intentaré desarrollar estas ideas paso a paso en sucesivos artículos. Hasta entonces, un saludo y encantado de oír vuestras ideas y sugerencias.
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