Cantigas de Cruz y Luna.

Cervera del río Alhama, una pequeña villa castellana donde cristianos, judíos y musulmanes conviven en secular armonía, envía sus mejores gentes a la campaña de las Navas de Tolosa. Les acompaña la dulce Zahara, arrastrada contra su voluntad a una aventura donde, para sobrevivir, habrá de ser más fuerte que los más intrépidos cruzados.

Puedes adquirir la novela en las más importantes librerías on-line, o pedir que te la traiga la librería de tu barrio. También puedes comprarla en editorial Maluma, que te la hará llegar sin gastos de envío.

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La novela

La novela
Una historia de aventuras en Cervera del río Alhama, una perspectiva nunca vista de las Navas de Tolosa

jueves, 28 de julio de 2011

Las armas medievales - A-B

Del nunca bien ponderado "Glosario de voces de Armería" de Enrique de Leguina, -más algunas otras de aportación personal- he dispuesto cuantas armas medievales conozco (y alguna que no) ordenadas por orden alfabético, tratando de evitar repeticiones y sinónimos (existen decenas de formas diferentes de llamar a la espada).
Con el objetivo añadido de dar a conocer el nombre español de algunas armas más conocidas por su nombre foráneo que por el suyo propio en castellano.
Solo he considerado las armas ofensivas -obviando las defensivas, navales y de asedio- empleadas durante la edad media y siglos vecinos.
Como es seguro que algunas faltan y en otras habré errado, agradeceré cualquier aportación a este glosario y las correcciones que fueren necesarias.
Sin más, empezaremos con la relación de armas, letras A y B.

Abrojo-Pieza en hierro con cuatro puntas dispuestas en pirámide que, caiga como caiga, siempre muestra una de ella en alto. Utilizada contra caballería. También se utilizaron abrojos piramidales de madera
Alabarda- Arma enastada con la cabeza armada con una punta de lanza, una hoja de hacha por un lado, y una punza o gancho más pequeño por el otro
Alarica- Asta larga con punta de tres filos
Alcón- Arma de asta de dos manos empleada por la infantería contra caballería. Como un hacha de armas con un pico curvo en el peto opuesto.
Almadana o Almadena- Porra o mazo pesado de hierro.
Angón- Chuzo largo de hierro y agarre de madera con punta dotada de arpones
Archa- Arma de asta, con la punta como un cuchillo ancho, de un solo filo
Arco- Arma hecha de madera u otra materia elástica, sujeta por los extremos con una cuerda que sirve para disparar flechas.
Arma de arzón- Voz genérica. Cualquiera que llevara el caballero como segunda arma fijada al arzón de su montura
Azagaya- Lanza corta arrojadiza
Azcona- Chuzo. Palo armado con una punta de hierro
Azote de armas o Mayal de armas- Consistía en dos bastones gruesos de madera unidos entre sí por una cadena corta. El más largo sirve de agarre y el corto está reforzado con hierros o púas para golpear con él
Ballesta- Arma utilizada para arrojar saetas, compuesta de arco y cuerpo. Más lenta y de menos alcance que el arco, pero de tiro más potente y más sencilla de emplear.
Barazano- Cuchillo ancho de un palmo de largo
Beldana- O beidana. Arma de una mano de hoja curva y un solo filo, más ancha en el extremo y sin punta.
Bidente- Asta con cuchilla de media luna en su extremo. Usado contra caballería
Bisarma- Arma de asta contra caballería, con cuchilla en forma de hoz y rematada por una punta
Bordona- Lanza ranurada y hueca que se usaba en los torneos
Botavante-Vara larga armada a modo de chuzo utilizada por los marineros en los abordajes
Broncha- Cuchillo muy ancho
Buglosa- Daga corta y ancha
Buido- Puñal de tres o cuatro filos vaciados
Buja- O Guja. Archa armada con púas en el contra filo.


jueves, 21 de julio de 2011

Desmitificando al caballero medieval

El caballero medieval es sobre todo un símbolo. Héroe noble, de brillante armadura, que despliega al viento banderas de brillantes colores para luchar, espada en mano, en socorro del débil, la viuda o el huérfano. Pero la realidad es mucho más compleja, y la verdad del caballero mucho menos romántica. Lo lamento, pero creo que es hora de ir abriendo los ojos y afrontar de una vez por todas la cruda realidad.

La imagen que hoy en día tenemos del caballero medieval es totalmente falsa, fruto de tres grandes mentiras:

La primera mentira nace precisamente en la edad media, cuando caballeros e hidalgos eran quienes dirigían la sociedad. En una época en la que la cultura estaba en manos de una pequeña minoría, cuando solo el clero y los individuos pertenecientes a las clases altas sabía leer. A ellos estaban destinados los escritos y crónicas, y por lo tanto, los autores se cuidaban muy mucho de escribir algo que pudiera ofenderles. El cronista y el juglar trataban de redactar sus historias y escritos de la manera en que más podrían agradar a quien había de pagárselas: el rey o sus caballeros. Una novela que no dejara en buen lugar a los caballeros simplemente no tendría ninguna venta. Esto nos lleva a una imagen idealizada del caballero medieval, fiel hasta la muerte a su rey y sus principios de honor, lealtad y ayuda al necesitado.

La realidad era muy diferente. Para un noble, la plebe simplemente no existía, y si existía valía mucho menos que el ganado que apacentaba. Labriegos, collazos y siervos eran de su propiedad y disponía de ellos como mejor le convenía. Sobre las relaciones con su rey… solo tenemos que leer por encima cualquier crónica medieval para encontrar luchas palaciegas, cambios de vasallaje y todo tipo de ajustes políticos en función de los intereses del momento. En cuanto al honor, baste indicar que, cuando lo nombraban, se referían al honor medieval, no a lo que hoy llamamos honor. A día de hoy a nadie le parecería honorable el tomar al asalto una población de pacíficos labriegos para saquearla, o asaltar a un conde vecino para cobrar rescate por él y repartir luego lo conseguido con tu monarca. En cambio, en el cantar del mío Cid se narran estos hechos como demostraciones de la valía y honor del bueno de Rodrigo.

La segunda mentira que nos ciega ante la verdad de la caballería es fruto de la mercadotecnia del entretenimiento, tanto europeo como estadounidense. Me refiero a las películas y novelas ambientadas en la edad media. Reconozcamos que es mucho más vendible un caballero limpio, justo y amable con las damas, que un energúmeno que solo se lavaba cuando le pillaba la lluvia en descampado, que tenía las mujeres como botín de guerra y que, cuando cabalgaba “en defensa” de las tierras de su señor, capturaba cuantos prisioneros pudiera para luego venderlos como esclavos a su vuelta. Y esto no solo era cuando asaltaban tierras musulmanas, que lo mismo hacían con la gente de los reinos cristianos vecinos.

Por último, la tercera mentira somos nosotros mismos, nuestra búsqueda de comodidad y nuestro empeño en rechazar todo aquello que nos obligue a pensar o nos inquiete, incluso la propia verdad. Para el urbanita del siglo XXI, es más cómodo el considerar que nuestros antepasados eran cristianos honorables, justos y valientes, no como los malvados sarracenos o los implacables y sucios vikingos. Es mucho más fácil sentirse parte de una comunidad, nación o patria, si imaginamos a quienes la formaron como seres libres de bajas pasiones, arrebatados por un impulso divino y guiados por los más altos ideales patrios y divinos. En mucho más tranquilizador ver a Alfonso VIII como el valeroso rey cristiano, vencedor del sarraceno invasor en las Navas de Tolosa, que como el monarca castellano que mandó cortar pies y manos a Dominguejo -un pobre criado capaz de arriesgar su vida por servirle y que le entregó el castillo de Zurita- simplemente por que no se fiaba mucho de él.

Cruel conclusión: Tenemos una imagen totalmente distorsionada de los caballeros medievales, creada en la época moderna por los escritores románticos y los ideales caballerescos son, simplemente, una hermosa quimera. El caballero combatía, no por el honor, sino por el botín que obtenía en sus algaras y servía a su rey no por lealtad, sino a cambio de tierras, prebendas y protección.

lunes, 18 de julio de 2011

Sobre las batallas medievales y la guerra en la edad media (preámbulo).

Para empezar esta particular visión de la guerra en la edad media, solo decir que la imagen general de batalla medieval que tenemos la mayoría de nosotros, la forma en que nos imaginamos la guerra durante la edad media es, simplemente, falsa.

En los posts que seguirán a este preámbulo, trataré de ofrecer una imagen lo más ajustada posible a lo que considero fueron en realidad los ejércitos medievales desarrollando los cinco puntos que considero equivocados y que a continuación enumero:

Punto uno: durante toda la edad media las batallas campales fueron pocas, muy espaciadas y con pocos efectos prácticos. La guerra medieval consistía, básicamente, en escaramuzas de poca importancia pero mucho revuelo mediático.

Dos: es falso que las batallas medievales consistieran únicamente en un grupo indisciplinado de individuos frente a frente y dándose mandobles uno a otro hasta que uno de ellos caía. Esto es tan falso como la imagen del caballero medieval que no se podía levantar por sí solo si caía al suelo.

Tres: La cantidad de soldados involucrados en aquellas batallas es tan fantástica como parcial era la opinión del cronista que los reflejaba. Según las crónicas, moría más gente en una sola batalla que habitantes tenía Europa en aquellos momentos.

Cuatro: No es cierto que una batalla medieval consistiera básicamente en el choque de dos contingentes de caballería pesada. Los caballeros medievales, cubiertos con cota o armadura, podrían ser el corazón pero no eran la única arma del ejercito medieval, ni tan siquiera la principal.

Y cinco: El arma más utilizada en la batallas no era la espada, como erróneamente nos han hecho creer las películas de Hollywood y los retratos de los héroes que en ellas participaron. La espada era una herramienta cara, valiosa y escasa en aquellos años.

Intentaré desarrollar estas ideas paso a paso en sucesivos artículos. Hasta entonces, un saludo y encantado de oír vuestras ideas y sugerencias.

martes, 21 de junio de 2011

Tecnicas medievales de construcción

En este post, trataré de dar un repaso somero a los diferentes métodos de construcción utilizados en la edad media. Inicio la lista con el más simple y económico para finalizarla con la máxima expresión de la arquitectura medieval.

Comenzamos con una técnica constructiva que quizás pueda sorprender a alguno. El sistema más sencillo y, pese a lo extendido de su empleo, el menos conocido por el gran público es el de fusta. Fusta –dejando aparte la vara que se utiliza para estimular a los caballos- se llama también a todas las ramas y varas finas y flexibles de la madera, tipo a los mimbres y demás. Con estas varas –fustas- se fabricaban unas cabañas de aspecto semiesférico muy comunes en los pueblos de hispanos y existen multitud de referencias en las crónicas a especialistas en construir estas casas de fusta. De estas construcciones de fusta se pueden ver representaciones en las cantigas alfonsinas y hoy en día, en las tierras africanas.

Otra técnica básica, sería la de construir la casa con madera mejor o peor trabajada -dependiendo de los posibles de quien la fuera a utilizar-. Para ello se utilizaban tablas o troncos fijados entre sí, y se tapaban las grietas que quedaban entre las diferentes piezas de madera con barro. La cubierta de estas podía ser de paja en los modelos más elementales y de lajas de piedra o pizarra en los demás.

A la madera seguía el adobe. Bloques de barro sin cocer mezclado con paja, a modo de ladrillos, con los que se construían las paredes uniéndolos entre sí con barro húmedo.

Del mismo material se levantaba el tapial. Método constructivo muy utilizado durante toda la edad media. Se trataba de colocar un encofrado de tablas y rellenarlo con el barro fresco mezclado con la paja. En algunos casos se utilizaban palos largos y finos para armarlo, o piedras pequeñas y cascajo para darle más consistencia. Una vez seco el primer encofrado, se separaban las tablas, se volvían a colocar sobre lo ya hecho y se alzaba otra tirada de pared. Así hasta concluir la obra.

Lope de Salazar nos habla de casas de lastra ensuciada, que suponemos se trataría de paredes levantadas con lajas de piedra apiladas una sobre otras y recibidas más tarde con mortero, cal o barro. Una construcción de piedra, más dura y resistente que las de barro, pero mucho más sencilla y económica de levantar de las de mampuesto o cantería.

Más resistente, sofisticado y más caro, era el mampuesto, la obra de mampostería. Consistía en colocar piedras pequeñas, colocadas a mano y unidas entre sí con algún tipo de mortero. Para realizarlo se podía seguir, o no, la técnica del encofrado y en muchos casos se adornaban las juntas entre las piedras con escorias o piedrecitas negras o rojas, según la zona.

También se utilizaba el calicanto, o cal y canto. Piedras sin trabajar o cantos rodados de río, aglutinados con argamasa (cal, con arena), una mampostería de bajo presupuesto.

Otro material común era el ladrillo. Su empleo parece heredado de los árabes y era común en buena parte de la geografía peninsular, sobre todo en aquellos lugares donde escaseaba la piedra y sobraba la arcilla. Existen hermosos ejemplos de castillos construidos enteramente en ladrillo, algunos tan impresionantes como en de Coca.

Más complejo y elaborado era el sillarejo, imitación barata de la sillería, más parecido a la mampostería, que utilizaba piedras labradas en su construcción, no homogéneas y, habitualmente, fijadas entre sí por mortero.

Y por último, la obra por excelencia, la más costosa y preciada: la Sillería. Piezas talladas de piedra maciza que encajan perfectamente unas con otras para dar forma al edificio. Realizaban este trabajo tan minucioso y preciado los maestros canteros, que trabajaban los sillares hasta darles la forma exacta que se les requería, generalmente paralelepípedos de lados iguales. Las catedrales y palacios de reyes estaban levantados en piedra labrada, y fue la agrupación gremial de los maestros canteros el germen de la masonería. Este sistema constructivo era el más costoso de todos ellos. Se precisaba en primer lugar de la materia prima: la piedra. Se debía extraer de la cantera, trasladar al taller de labrado, elaborarla siguiendo las instrucciones precisas del arquitecto o maestro de obra, transportar el bloque ya trabajado hasta el lugar de emplazamiento del edificio que se estaba construyendo, corregir si los hubiera los errores de elaboración y colocarla, manipulando y elevando hasta los puntos más altos de la construcción sillares de piedra que en muchos casos superaban ampliamente los mil kilos de peso.

Tan costoso resultaba este sistema que, para financiarlo, la iglesia aceptaba donativos de sus fieles y existen muchos casos documentados de creyentes devotos que sufragaban los gastos de una sola piedra de cantería a emplear en la construcción de determinado monasterio o iglesia en agradecimiento a los favores recibidos por la Virgen o el santo a quien estuviera dedicado el templo.

A estas técnicas básica, se les añadirían las con construcciones mixtas. Paredes de mampuesto con ángulos de cantería, ladrillo reforzado en sus aspilleras o arcos con sillería, paredes de madera con sus huecos cegados con adobe, etc.

lunes, 23 de mayo de 2011

Firma de ejemplares de la novela Tierra Amarga en la feria del libro de Madrid.

El próximo sábado, 28 de mayo, estaré en la Feria del libro de Madrid firmando ejemplares de Tierra Amarga a todos los amigos, cerveranos o no, que se animen a pasar por allí.

Desde las 12 hasta las 14 horas, en la caseta nº 68 de ediciones Pàmies y por la tarde, de 18 a 20 horas, en la caseta nº 34, de la distribuidora UDL.

(Ambas en la zona cercana a la calle O’Donnell)

Por si aún no la conoces, Tierra Amarga es una novela de aventuras donde, siguiendo el diario de un joven novicio a quien le encargan la peligrosa tarea de descubrir la identidad de un asesino en serie apodado “La Bestia”, acompañamos al protagonista en su penoso recorrido por las postrimerías del siglo XV. Junto a él, descubriremos la lucha de sus gentes por sobrevivir y la violencia que regía en el reino de Castilla los años anteriores a la subida al trono de los Reyes Católicos.

Pinchando aquí puedes leer libremente un capítulo de la novela.

Ya que has tenido la amabilidad de llegar a este blog, si tienes un poco de tiempo libre y algo de curiosidad, puedes visitar sus anteriores entradas y conocer un poco más a nuestros antepasados, su modo de vida y las armas medievales. También puedes dejar tus opiniones, artículos o comentarios sobre el tema.

Y sobre todo, querido amigo, gracias por tu visita a esta Tierra amarga.

martes, 17 de mayo de 2011

Medidas medievales y III. Las horas y el paso del tiempo en la edad media

En las dos entradas anteriores hemos enumerado las medidas medievales de longitud, volumen y superficie. Ahora trataré de explicar como se medía el tiempo en el medioevo europeo.

En la edad media, el medir el tiempo, como tantas otras cosas, era algo mucho menos necesario –y por lo tanto mucho menos exacto- de lo que lo es para el hombre moderno.

Para aquella gente, el día comenzaba con el sol y moría con este. Pero, pese a todo, de alguna manera tenían que ponerse de acuerdo para concretar las citas, así que fragmentaron el transcurrir del sol según las ocho horas canónicas.

Dividieron el día en cuatro horas y la noche en otras cuatro, divididas a su vez cada una de estas horas principales en tres fracciones. Las horas diurnas comenzaban con el alba y las nocturnas –obviamente- con el ocaso. Esta división, simple pero eficaz, suponía que el tiempo “legal” variaba en función de las estaciones, ajustándose a los período de luz y oscuridad, es decir, a los momentos de actividad o reposo de la gente. El sistema tenía como inconveniente el que las horas solo tenían la misma duración durante los equinoccios (los días de paso de invierno a primavera y de verano a otoño, cuando en la tierra el tiempo de luz dura lo mismo que la noche), pero esto poco importaba a efectos prácticos.

Las horas las marcaban las iglesias y monasterios a toque de campana, sin que se señalaran las últimas horas nocturnas a fin de respetar el descanso de los campesinos.

De esta manera, para las gentes de la edad media, el día comenzaba con una solitaria campanada que señalaba la hora prima, la que marcaba el amanecer, hora de empezar sus tareas. Tres horas más tarde, los buenos frailes indicaban con dos campanadas que había llegado la hora tercia y al llegar el mediodía, con el sol en su cénit, hacían sonar tres veces la campana para indicar que había llegado la hora sexta, tres horas después de la tercia. Seguía a esta (pasadas otras tres horas) la última hora diurna, la hora nona, nombrada con dos toques de campana. Se esperaba entonces la caída del sol para, con el crepúsculo, avisar a los lugareños con tres campanadas que llegaba la hora de vísperas, la primera hora nocturna medieval y el momento de cesar con sus actividades diarias. La seguía la hora de completas, con las últimas cuatro campanadas del día, que indicaban a la congregación religiosa y a la ciudadanía que ya era hora de acostarse. Las siguientes horas eran de silencio y ninguna campana sonaba para marcarlas. Solamente en el interior de los monasterios se alzaban los religiosos al quedo aviso de sus superiores a la medianoche, para rezar las oraciones de maitines en los primeros segundos del nuevo día, para volver a levantarse a orar, siempre tras tres períodos de una hora, con la última hora nocturna, la hora de laudes.

Guiados por el afán moderno de la precisión (ajeno totalmente a la mentalidad medieval) y para mejor entendernos, podríamos decir que, durante los equinoccios:

los Maitines eran a las 0 horas,

Laudes a las 3 de la madrugada

Prima a las 6 (la primera hora del día)

Tercia a las 9 (la tercera)

Sexta al mediodía, las 12. (la sexta)

Nona a las 3 de la tarde (la novena y última hora diurna)

Vísperas a las 6 de la tarde

Completas a las 9 de la noche.

Durante el resto del año… pues qué más daba, si las horas eran o no igual de largas. En realidad, para un villano en su terruño medieval, nuestra obsesión por medir horas y segundos no podía tener el menor sentido.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Medidas en la edad media-II, de volumen y superficie.

Continuando con el anterior post trataré ahora de enumerar, de manera sucinta, las medidas de capacidad y volumen más habituales en la Castilla medieval. Dejándonos llevar de estas, tocaremos también las de superficie.

No quiero que sea una relación demasiado minuciosa, ni puedo pretender que sea exacta. En la edad media, la misma medida tenía magnitudes muy diferentes según donde estuviéramos. Una libra podía variar de los 270 gramos a los 490, y una legua -dependiendo de donde estuviéramos- podrían resultar 4 kilómetros o más de 7.

Con este artículo, el anterior y el que les seguirá, solo pretendo que al leer una novela histórica tengamos una idea, aunque solo sea aproximada, de qué habla el autor cuando nos dice que el protagonista de la novela se bebió dos azumbres de vino.

Pasamos, sin más rodeos, a las medidas medievales de volumen para líquidos:


Cuartillo - correspondería a 1/2 litro o 1/4 de azumbre

Azumbre - 2 litros

Frasco - 2'5 litros

Pipa - 15 litros

Cántara - 16 litros, o lo que es lo mismo: 8 azumbres.


También tenemos medidas de capacidad para cereal. Las dos más habituales eran (y lo siguen siendo en muchos lugares):

el Celemín, que correspondía a 4'6 litros de grano

La Fanega - 55 litros.


Lo curioso de estas dos medidas es que también son medidas de superficie, correspondiéndose a la extensión de terreno a sembrar para recoger esa cantidad de trigo. Como se podrá suponer, las medidas de celemín y fanega de Castilla tenían muy poco que ver con esas mismas denominaciones en al-Andalus o Vizcaya.

El Celemín castellano serían hoy en día unos 500 metros cuadrados

y la Fanega era cuatro veces más extensa, unos 2000.

También existía la Peonada, que era la extensión de terreno que un peón podía labrar en una jornada, aproximadamente unos 400 metros cuadrados.

La Yugada, manteniendo el mismo concepto de la peonada, era la tierra que labraba una yunta de bueyes en un día, unos 2.700 metros cuadrados.

Pero, insisto, son medidas castellanas, en otros lugares podían llamar fanega a un terreno que superaba los 6.000 metros cuadrados.

Como medida de superficie curiosa, también podemos mencionar el Carro, utilizada aún en Cantabria, y que debiera corresponder a la superficie de terreno necesaria para recoger una carga de carro completa de heno, unos 1800 metros cuadrados.

Besamanos a Fernando V por los vizcainos en 1476

Besamanos a Fernando V por los vizcainos en 1476
Pinchando el cuadro puedes acceder a la galería de fotografías de Tierra Amarga

Bilbao en el siglo XV

Bilbao en el siglo XV
Así se supone que podía ser Bilbao a finales de la Edad Media

Casa torre de Etxaburu (fotografía de Txemi Ciria Uriarte)

Casa torre de Etxaburu (fotografía de Txemi Ciria Uriarte)
La casa, origen del linaje, razón de ser de los bandos

Espada de mano y media, también llamada espada bastarda - 1416

Espada de mano y media, también llamada espada bastarda - 1416
Armas de lujo para los privilegiados de la tierra

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