Bienvenid@ este Blog, que pretende ser lugar de encuentro para todos los amantes de la edad media y sus gentes. Aquí hablaremos de cómo vivían, luchaban y morían aquellas gentes a las que toco vivir durante la edad media en esta Tierra Amarga.

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Tierra amarga, tierra de Banderizos

Este nuevo blog de Iñaki Uriarte -y de todos aquellos que quieran participar en él-, nace con el propósido de convertirse en un pequeño rincón donde exponer noticias, ideas y teorías sobre la edad media, los banderizos, sus luchas y su tiempo.
Un tablón donde colocar esos datos que los eruditos normalmente sobreentienden y que a mí personalmente, como simple aficionado, son los que realmente me interesan. Para mí, hablar de los Banderizos es conocer sus métodos de lucha, sus armas, la importancia que para aquellos hombres podía tener su cabalgadura. Es tratar de entender cómo vivían y qué comían, sus vestidos y sus casas, su tiempo y sus penurias.
Por eso trataremos de colgar anécdotas sobre las banderías, los nombres de los más violentos banderizos, sus peleas y las guerras en que participaron.

Sin miradas tendenciosas, con veracidad, pero también con la curiosidad de quien está vivo y con la ilusión de quien aún recuerda los cuentos escuchados en su niñez sobre guerreros armados de punta en blanco galopando hacia el enemigo sobre su caballo bridón.

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La novela

La novela
Una historia de aventuras, caballeros medievales y oscuros asesinos en serie

Y su trailer

jueves, 21 de julio de 2011

Desmitificando al caballero medieval

El caballero medieval es sobre todo un símbolo. Héroe noble, de brillante armadura, que despliega al viento banderas de brillantes colores para luchar, espada en mano, en socorro del débil, la viuda o el huérfano. Pero la realidad es mucho más compleja, y la verdad del caballero mucho menos romántica. Lo lamento, pero creo que es hora de ir abriendo los ojos y afrontar de una vez por todas la cruda realidad.

La imagen que hoy en día tenemos del caballero medieval es totalmente falsa, fruto de tres grandes mentiras:

La primera mentira nace precisamente en la edad media, cuando caballeros e hidalgos eran quienes dirigían la sociedad. En una época en la que la cultura estaba en manos de una pequeña minoría, cuando solo el clero y los individuos pertenecientes a las clases altas sabía leer. A ellos estaban destinados los escritos y crónicas, y por lo tanto, los autores se cuidaban muy mucho de escribir algo que pudiera ofenderles. El cronista y el juglar trataban de redactar sus historias y escritos de la manera en que más podrían agradar a quien había de pagárselas: el rey o sus caballeros. Una novela que no dejara en buen lugar a los caballeros simplemente no tendría ninguna venta. Esto nos lleva a una imagen idealizada del caballero medieval, fiel hasta la muerte a su rey y sus principios de honor, lealtad y ayuda al necesitado.

La realidad era muy diferente. Para un noble, la plebe simplemente no existía, y si existía valía mucho menos que el ganado que apacentaba. Labriegos, collazos y siervos eran de su propiedad y disponía de ellos como mejor le convenía. Sobre las relaciones con su rey… solo tenemos que leer por encima cualquier crónica medieval para encontrar luchas palaciegas, cambios de vasallaje y todo tipo de ajustes políticos en función de los intereses del momento. En cuanto al honor, baste indicar que, cuando lo nombraban, se referían al honor medieval, no a lo que hoy llamamos honor. A día de hoy a nadie le parecería honorable el tomar al asalto una población de pacíficos labriegos para saquearla, o asaltar a un conde vecino para cobrar rescate por él y repartir luego lo conseguido con tu monarca. En cambio, en el cantar del mío Cid se narran estos hechos como demostraciones de la valía y honor del bueno de Rodrigo.

La segunda mentira que nos ciega ante la verdad de la caballería es fruto de la mercadotecnia del entretenimiento, tanto europeo como estadounidense. Me refiero a las películas y novelas ambientadas en la edad media. Reconozcamos que es mucho más vendible un caballero limpio, justo y amable con las damas, que un energúmeno que solo se lavaba cuando le pillaba la lluvia en descampado, que tenía las mujeres como botín de guerra y que, cuando cabalgaba “en defensa” de las tierras de su señor, capturaba cuantos prisioneros pudiera para luego venderlos como esclavos a su vuelta. Y esto no solo era cuando asaltaban tierras musulmanas, que lo mismo hacían con la gente de los reinos cristianos vecinos.

Por último, la tercera mentira somos nosotros mismos, nuestra búsqueda de comodidad y nuestro empeño en rechazar todo aquello que nos obligue a pensar o nos inquiete, incluso la propia verdad. Para el urbanita del siglo XXI, es más cómodo el considerar que nuestros antepasados eran cristianos honorables, justos y valientes, no como los malvados sarracenos o los implacables y sucios vikingos. Es mucho más fácil sentirse parte de una comunidad, nación o patria, si imaginamos a quienes la formaron como seres libres de bajas pasiones, arrebatados por un impulso divino y guiados por los más altos ideales patrios y divinos. En mucho más tranquilizador ver a Alfonso VIII como el valeroso rey cristiano, vencedor del sarraceno invasor en las Navas de Tolosa, que como el monarca castellano que mandó cortar pies y manos a Dominguejo -un pobre criado capaz de arriesgar su vida por servirle y que le entregó el castillo de Zurita- simplemente por que no se fiaba mucho de él.

Cruel conclusión: Tenemos una imagen totalmente distorsionada de los caballeros medievales, creada en la época moderna por los escritores románticos y los ideales caballerescos son, simplemente, una hermosa quimera. El caballero combatía, no por el honor, sino por el botín que obtenía en sus algaras y servía a su rey no por lealtad, sino a cambio de tierras, prebendas y protección.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Que quieres que te diga, Iñaki, me parece más seductor, y más creible, la imagen real de los caballeros, que aquí nos ofreces. Eran humanos al fin y al cabo, y eso tiene sus inconvenientes...

Un saludo de tu fiel y muy leal seguidor, Jose.

Iñaki dijo...

Pues me alegro.
Por que yo también considero que el conocer la verdad de nuestro pasado ayuda a apreciar y querer lo que hoy tenemos.
Las mentiras en la historia no ayudan a nuestro presente, simplemente lo tergiversan y confunden.
Es el conocer en profundidad nuestro pasado, tal y como fue, lo que nos hace sentirnos más cerca de nuestra Tierra, no por amarga menos amada.

Miguel Angel Baute dijo...

Siento no estar de acuerdo con su comentario. Los caballeros medievales claro que tenían defectos, pero creer que sólo erán salteadores que iban a por el botín todo el tiempo es poco o nada histórico, aunque usted piense lo contrario. Los campesinos y las gentes de la plebe no concibieron un código de conducta discrepante y socializador sencillamente porque eran demasiado incultos, no significa que no fuesen valiosos en el contexto de la historia medieval, sino que no aportaron nada a los valores que Iglesia y nobleza transmitieron (a pesar de los perjuicios que también ocasionaron). La caballería medieval no es asunto tan simple como usted muestra en el artículo. De hecho existieron dos desarrollos distintos de la caballería medieval; el primero era la institución original formada sobre todo por miembros de la baja nobleza y de origen no necesariamente aristocrático, y el
segundo, un simple y mezquino sistema de nombramientos de caballeros a miembros de la alta nobleza poco o nada formados como caballeos y guerreros, en este último caso el fenómeno se produjo por el prestigio que suponía en la época ser nombrado caballero. Se trataba de una simple atribución de títulos.
El asunto da un análisis más complejo, pero les dejo el comentario de que tampoco es buena idea denigrar toda nuestra tradición simplemente porque está de moda. Más historia y menos tópicos.
Gracias por su atención.

Iñaki dijo...

Estimado Miguél Ángel:
Antes de nada, agradecerte tu amable comentario a este tu/nuestro blog.

Lamento que no estés de acuerdo con el contenido de este artículo, aunque lo comprendo, los hechos lejanos en el tiempo (y aún los más cercanos) está siempre sujetos a la interpretación del observador, por imparcial que pretenda serlo.
Pero existen en tus líneas algunos puntos con los que -siguiendo estrictamente la historia y olvidándonos de los tópicos, como tú bien planteas-, discrepo profundamente.

Uno de ellos es el planteamiento de que la plebe no podía desarrollar códigos de conducta por su falta de cultura. Si esto fuera razón para ello, ninguna de las civilizaciones primitivas (desde los indios del Amazonas a los pigmeos africanos, pasando por las comunidades aborígenes australianas), tan incultas o más que un campesino medieval, habría podido crear nunca una sociedad estable, con su cultura y valores propios.
En segundo lugar, en ningún momento afirmo que la caballería medieval fuera una institución, asunto o modo de vida, simple. Tan solo afirmo que la imagen que de ella nos han transmitido los libros de caballerías y las películas de Hollywood es tan falsa como los viajes espaciales que nos muestran las películas de Star Wars.
Indiscutiblemente que la caballería medieval es algo tan complejo que resultaría cuando menos pretencioso el resumirlo en un pobre artículo de un blog. Mi única pretensión con este post era abrir los ojos del lector sobre la realidad medieval, algo tan diferente a cuanto hoy damos por hecho que nos resulta incomprensible muchas veces.

Ni con el blog, ni con este artículo en particular, pretendo denigrar ni desprestigiar a la caballería, simplemente -y repito tus palabras de "más historia y menos tópicos"- expongo, de manera clara y evidente, lo que los propios caballeros decían de sí mismos, dejando de lado las imágenes épicas y románticas del caballero nacidas siglos más tarde y popularizadas por películas como Ivanhoe, el Cid o el rey Arturo.

Para apoyar mi idea, te transcribo unos párrafos escritos por caballeros medievales sobre su actitud en la vida. Autores que, creo, debían conocer mejor que nosotros lo que realmente era su modo de vida:

Dice Lope García de Salazar sobre su antepasado del mismo nombre, que tuvo ciento veinte hijos e hijas bastardos, porque tenía gracia de preñar a toda mujer moza de sus tierras (recordemos aquí que moza se entendía entonces como virgen).

También tardo-medieval, comenta el alférez de Pero Niño sobre las proezas de su señor en el Victorial, que, con el encargo de acabar con unos piratas del Levante, al no poder localizar a los piratas que buscaba, encuentra una rica aldea por la costa que recorre y:
ordena a sus hombres cautivar y matar y poner a fuego el aduar. Además, en vista de que la retirada podría complicarse si los soldados cargaran con un botín demasiado pesado, ordenó también que no tomasen cosa alguna que los estorbara en su retirada, salvo hombres y mujeres y criaturas. Y que a los que no pudiesen traer, que los pusiesen a espada y que los matasen.

Y, por no alargarme demasiado, termino con una nota de las crónicas del Rey Alfonso VII, llamado el Noble:
El castillo de Zurita se mantenía fiel a su señor, Ruiz de Castro y esto molestaba sobremanera al rey. Como no podía tomar el castillo por las armas, contrata un criado del alcaide llamado Dominguejo para que lo asesine y pueda hacerse con la fortaleza. Cumple el pobre Dominguejo con su cometido y, en justa recompensa, el rey Alfonso le da sus maravedís de juro, mas, porque otro no tomase ejemplo de él para ser traydor a su amo, le hizo cortar los pies y manos.

Creo que sobran más comentarios.

Un saludo

Iñaki Uriarte

Miguel Angel Baute dijo...

Ante todo agradecerte tu bienvenida, buen comentario y acertado. No pretendo saber más historia que tú en absoluto,pero creo que la tendencia general actualmente es la de convertir a los protagonistas de la historia o bien en ángeles puros y perfectos o en demonios sanguinarios, cuando generalmente la verdad suele encontrarse en un término medio, sin idealizaciones alejadas de la realidad, punto en el que coincido plenamente contigo. Te pongo como ejemplo el prestigio que actualmente tiene entre cierto segmento de nuestra sociedad la figura del samurai, el cual era a fin de cuentas un guerrero que obedecía órdenes como los caballeros occidentales del medievo, y que podían ser tan despiadados como cualquier caballero europeo,pero en extremo oriente. Sin embargo muchos los consideran verdaderos místicos, sabios y de una honestidad y perfección de conducta intachable. Esto, lógicamente no es cierto en absoluto. Te envío el resto del comentario en otro post.

Miguel Angel Baute dijo...

Una tesis sobre el mundo medieval japonés que hice hace algún tiempo me descubrió la verdad al respecto. Si he de comentarte que, debido a mi trabajo he tenido acceso a la historia medieval inglesa, que no la española que desconozco más; por supuesto quede claro que los caballeros en Inglaterra no eran tampoco santos pero he podido comprobar a través de de diversas fuentes (en inglés) que, también existieron casos de caballeros que si observaban un comportamiento basado en un código de conducta razonablemente acertado, lamento no poder aportar datos más claros pero éstos se refieren al Reino Unido y Escocia y están en inglés. No hacen referencia al mismo periodo en España. En mi opinión hubo tanto de lo uno como de lo otro. Poniendo como ejemplo al ejército, en todas las naciones la clase militar a tenido detractores que los acusan de protagonizar episodios desafortunados de la historia y, posiblemente tengan razón, pero también ha sido (y son) los que mantienen la integridad territorial y humana de un
país a salvo. Los caballeros medievales formaban la élite militar de su tiempo,esto es indudable.
Creo por tanto que tus aseveraciones son muy acertadas pero me inclino a creer que, como tantas otras cosas en este mundo, de alguna manera eran un poco demonios y un poco ángeles.
En lo concerniente a las sociedades primitivas y la plebe medieval, entiendo que una cosa es crear un código de conducta básico cuyo fin es mantener una cierta estabilidad y orden en la comunidad de que se trate y otra cosa es concebir una filosofía social de la cual van a emanar posteriormente muchos de los derechos universales contemplados actualmente a nivel internacional. Entiéndase que éste hecho se daría en la nobleza y por tanto,en los miembros de la caballería medieval por ser receptores de una influencia directa, sobre todo originada en la teología cristiana. En este sentido, la iglesia, pese a las muchas críticas que podría recibir igualmente ante los hechos históricos ha de reconocerse su papel de vehículo transmisor de un esquema moral sin precedentes en la sociedad europea, que dará lugar a la creación de una sociedad, indudablemente imperfecta, pero mucho más justa que los ejemplos históricos de medio y extremo oriente. Ésta es la diferencia con respecto a las sociedades primitivas australianas y africanas, las cuales disponían de cierta organización social pero, de ahí a un concierto moral que procure una sociedad más justa, o al menos su intento, va mucha distancia.
El campesinado medieval y el clero no eran más justos y honrados, simplemente no poseían el poder coercitivo de las armas, pero la crueldad que podían ejercer dentro de su clase social, desgraciadamente la ejercían, ya que vivían en el mismo mundo que los caballeros y compartían su concepto de sociedad, aunque la tendencia de los individuos de cualquier comunidad es la de no considerar justa una medida o actitud que les perjudica directamente, y sólo cuando así sucede la reflexión de los afectados acaba por considerar la medida "injusta para todos y no sólo para unos pocos".
por otro lado, no podemos juzgar la sociedad medieval a la luz de los conceptos de justicia y equidad,(sobre todo en lo referente a los derechos civiles) vigentes en el siglo XXI,y que suponen un modo de ver la sociedad del todo inconcebible en dicho periodo histórico; y en los posteriores en gran medida.
por cierto,como director de una escuela de esgrima histórica en Tenerife escribí un pequeño artículo sobre el uso de la caballería medieval y sus armas que me gustaría enviarte.
Un excelente blog que sigo con interés.
Gracias.

Iñaki dijo...

Aquí, todo comentario educado y correcto es bienvenido.
Y en estas páginas, nadie sabe más que nadie. Solo pretenden ser un punto de encuentro para los amantes de la caballería y su tiempo, sin mitificaciones ni prejuicios, donde podamos exponer nuestras ideas sin insultar o pretender descalificar al que no este de acuerdo con ellas

Y, desde nuestros diferentes puntos de vista, estoy totalmente de acuerdo contigo en que aquellos caballeros, como los samurais, ni eran demonios, ni parecían ángeles. Eran, simplemente, hombres de su época.
Esto era lo que quise decir en el artículo: que, simplemente, eran profesionales de lo suyo: la guerra. Y en la edad media, la guerra era uno de los pilares básicos de la economía, igual en Europa que en Asia.

Gracias de nuevo por participar en este blog y hacernos partícipes de tus ideas y conocimientos.

Iñaki dijo...

Como escribía en otro comentario, quería resaltar precisamente esa contradicción, entre la heroicidad y la violencia más desmedida de que hacía gala los caballeros medievales. Fueron considerados héroes, pero si hicieran hoy los mismos actos por los que les ensalzamos a esa categoría, los encontraríamos en los juzgados acusados de ser asesinos en serie.
La mentalidad, la cultura y la moral medieval se parecía a la nuestra tanto como se puede parecer la nuestra a la de un marciano.
Son mundos diferentes y no podemos pretender juzgar sus actuaciones a través del objetivo de nuestra civilización actual.

Besamanos a Fernando V por los vizcainos en 1476

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Bilbao en el siglo XV

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Casa torre de Etxaburu (fotografía de Txemi Ciria Uriarte)

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Espada de mano y media, también llamada espada bastarda - 1416

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