Bienvenid@ este Blog, que pretende ser lugar de encuentro para todos los amantes de la edad media y sus gentes. Aquí hablaremos de cómo vivían, luchaban y morían aquellas gentes a las que toco vivir durante la edad media en esta Tierra Amarga.

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Tierra amarga, tierra de Banderizos

Este nuevo blog de Iñaki Uriarte -y de todos aquellos que quieran participar en él-, nace con el propósido de convertirse en un pequeño rincón donde exponer noticias, ideas y teorías sobre la edad media, los banderizos, sus luchas y su tiempo.
Un tablón donde colocar esos datos que los eruditos normalmente sobreentienden y que a mí personalmente, como simple aficionado, son los que realmente me interesan. Para mí, hablar de los Banderizos es conocer sus métodos de lucha, sus armas, la importancia que para aquellos hombres podía tener su cabalgadura. Es tratar de entender cómo vivían y qué comían, sus vestidos y sus casas, su tiempo y sus penurias.
Por eso trataremos de colgar anécdotas sobre las banderías, los nombres de los más violentos banderizos, sus peleas y las guerras en que participaron.

Sin miradas tendenciosas, con veracidad, pero también con la curiosidad de quien está vivo y con la ilusión de quien aún recuerda los cuentos escuchados en su niñez sobre guerreros armados de punta en blanco galopando hacia el enemigo sobre su caballo bridón.

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La novela

La novela
Una historia de aventuras, caballeros medievales y oscuros asesinos en serie

Y su trailer

viernes, 30 de noviembre de 2012

Maceros


Es muy posible que alguna vez, al ver una recepción en el ayuntamiento, o en alguna comitiva municipal, hayáis visto unos tipos con pelucones, vestidos de manera estrafalaria que llevan al hombro una especie de lámpara rococó dorada con mango.
Macero en la fachada del Ayuntamiento de Bilbao
Estos funcionarios son los maceros y lo que llevan al hombro es la representación, ya inútil y meramente decorativa, de una maza de guerra.  
A día de hoy no pasa de ser una figura que pretende simbolizar el prestigio y autoridad de las personas o instituciones a los que precede, perdida ya su función primera, la de alguacil o cuerpo de seguridad.

Por cierto, en las Bienandanzas se cuenta una batallita, muy acorde con la mentalidad de la época, donde se puede comprobar de manera muy evidente la función que estos oficiales –hoy tan pintorescos- cumplían en su origen.

Corría el año del señor de 1356 y era el conde don Tello señor de Vizcaya en aquellos días. El buen conde era un gran aficionado a la caza y las monterías y, con ocasión de una visita a la villa de Bilbao, se le ocurrió ofrecer espectáculo a sus gentes corriendo unos jabalíes en la plaza de la villa.
-Aquí un inciso. La plaza de Bilbao se encontraba por aquellos tiempos en la explanada que hoy ocupa el mercado de la Ribera, al que los viejos aún llamamos “la Plaza”, y que todo bilbaíno que se precie distingue de la Plaza Nueva, espacio reciente, edificado en 1849-.
"Espectáculo" taurino representado en las  Cantigas.
 El caso es que por aquellos banderizos años, los espectáculos eran ligeramente diferentes a los actuales. Un divertimento bastante habitual (entre los ricos, claro está) era el correr bestias, que podían ser toros o jabalíes como en este caso. Se trataba de forzar el ataque del animal y esquivarlo graciosamente con quiebros de la montura. A veces simplemente por estética, en otros casos para alancearlo (herirlo con una lanza o rejón) hasta la muerte.
El caso es que el señor de Vizcaya llevó a la villa doce puercos salvajes que tenía en una finca de Alviña y los soltó en un cercado dispuesto para tal fin en la plaza de Bilbao. Lógicamente, a tal evento se acercaron no solo los villanos y hombres buenos de la población, sino también los señores de la tierra llana y demás autoridades vizcaínas. Entre ellas se encontraba el ínclito don Juan de Avendaño, dueño y señor de tierras en Zamudio y la torre de Malpica, hombre aguerrido con merecida fama de pendenciero y poco partidario de don Tello como señor de Vizcaya (en otro momento hablaremos de los señores –y señoras- de Vizcaya). Con semejante público, montó su hermoso palafrén y trató de hacerlo corvetear entre los puercos. Lamentablemente, su caballo se asustó y no consintió en meterse entre los jabalíes por mucho que don Tello lo intentara.  
Cuando se excusaba del fiasco ante los presentes culpando al caballo de su fracaso, el señor de Avendaño le pidió:
- Señor, dejadme cabalgar vuestro caballo que, quiéralo o no, yo lo haré saltar por entre los puercos.
Cedió don Tello las riendas a Juan de Avendaño, convencido de que no podría vencer el miedo del rocín ante las bestias, pero no conocía bien al vizcaíno. Montó el hidalgo el corcel, ajustó el bocado y a golpe de espuela le hizo entrar al recinto de los  jabalíes. El pobre animal, despavorido, trató de evitar a los puercos y resbaló sobre el enlosado del suelo, yendo a dar con sus carnes y las del jinete por tierra. Pero no era hombre blando el endiablado hidalgo de Avendaño, sin perder las riendas, ni descabalgar del corcel caído, le hizo alzarse de nuevo y volvió a clavar los acicates en los ijares de su montura haciendo que esta vez, más temeroso el animal de su jinete que de los mismos jabalíes, saltara sobre estos de lado a lado ganándose así la admiración de cuantos contemplaban el espectáculo.
Entre aplausos, echó pie a tierra y devolvió el caballo a los palafreneros de don Tello mientras comentaba:
- ¡Menudo Señor de Vizcaya sería yo si no fuera capaz de hacer que un caballo me obedezca!
Es de imaginar como sentó aquél comentario al conde y qué le dijeron sus acólitos sobre el de Avendaño en cuanto se encontraron a solas.

Bueno, ya empiezo a enrollarme, de manera que corto aquí y dejo la resolución del encuentro de don Tello con Juan de Abendaño y la función de los maceros para la próxima semana.

martes, 20 de noviembre de 2012

La revolución industrial en la Edad Media, la muerte de la caballería romántica.


Como decía anteriormente, la sociedad cristiana medieval era una sociedad básicamente agrícola, ganadera y guerrera que complementaba sus ingresos con el comercio y la industria. Y estos dos apartados fueron ganando poco a poco espacio a los anteriores, sin gran aparato, pero modificando la sociedad de una manera total y absoluta.
Las continuas guerras y las pestilencias (Llamaban así a todo tipo de epidemias, tanto de peste como de gripe, viruela, ántrax o cualquier otra enfermedad contagiosa), provocaron una falta de mano de obra que ya no podían cubrir las bestias domésticas y además, el mayor esfuerzo productivo de estos animales era absorbido por la guerra. Este desequilibrio solo pudo ser cubierto con la aparición de las grandes máquinas hidráulicas. Se fueron construyendo cada vez más molinos, cada vez más grandes y eficientes. 
Aparecieron los martillos de forja y ferrerías, las fábricas de papel y paños, inmensos molinos que represaban ríos hasta entonces navegables y forzaban a modificar las conductas y los esfuerzos económicos en busca de otros mercados. La navegación fluvial perdió fuerza y pujanza para mayor provecho de la marítima. Las armas y herramientas de hierro y acero se produjeron de manera más rápida y eficaz, a la vez que aumentaba su calidad. 
Se inició por primera vez una época de sobre producción, donde las potentes villas elaboradoras de paños o papel eran capaces de producir mucho más de los que eran capaces de consumir. Los reinos cada vez más amplios y con una monarquía cada vez más poderosa, menos sacudidos por las guerras, eran capaces de crear -quizás por primera vez desde la caída del imperio romano- un excedente de comida. 
Por otra parte, los avances en la conservación de alimentos (salazones, ahumados, etc.) hicieron posible el realizar  viajes cada vez más largos y los excedentes en la producción de materias primas y manufacturas hicieron que fuera rentable el recorrer mayores distancias para abastecer nuevos mercados. 

Así, se inició una carrera marítima que cambiaría el mundo sin que los cronistas de la época se dieran cuenta. Una hambruna o un peste, la muerte de un rey o una gran batalla si eran dignas de ser cantadas en las crónicas, pero ¿qué cronista se iba a molestar en escribir en sus crónicas la instalación de otra fragua en la rivera del río que bañaba su villa, o a la llegada de una nueva bataneadora hidráulica?

Así, silenciosamente, moría la edad media con sus caballeros y comenzaba, sin que nadie lo advirtiera, la edad moderna, la edad de los comerciantes y el arte considerado como expresión de riqueza y ocio de la élite civil.

viernes, 16 de noviembre de 2012

La economía medieval


Vale, lo prometido es deuda, de manera que aquí va otro artículo corto. Así hacemos dos en esta semana.

Dejamos al caballero medieval, propietario de tierras y hombres, dedicado a la agricultura, la ganadería y la guerra como principales actividades económicas. A estas tres generales y ampliamente difundidas por las amplias tierras castellanas, los caballeros norteños, restringidos por la orografía y el clima en sus pretensiones agrícolas, debieron de sumar el comercio. Ya decían los juglares que era don Lope el vizcaíno hombre rico en manzanas, pobre en pan e vino, indicando así las carencias agrícolas de las tierras vascas.
En todo caso. El noble medieval cristiano dividía el año económico en dos grandes períodos: el de cosecha que, simplificando mucho, podía discurrir de abril a junio. En este período se sembraban, regaban, cuidaban y cosechaban los campos. Al final de estos comenzaba el período propio de la segunda actividad económica medieval: La guerra.
El caballero medieval (repito, lo mismo moro que cristiano), una vez a buen recaudo su cosecha, atacaba a sus vecinos más débiles para capturar esclavos, rehenes, ganado y alimentos que completaran su propia cosecha. Esta actividad estaba generalizada y -mal que les pese a los historiadores tendenciosos- se dedicaban a ella con ahínco lo mismo moros que cristianos. De hecho, lógicamente, para un caballero castellano le resultaba más fácil atacar a un vecino aragonés (aunque cristiano como él) que a un murciano musulmán. Esto proporcionaba esclavos -mano de obra- y dinero procedente del rescate obtenido de los rehenes nobles, si se podía capturar alguno.
Nunca un rey o un señor cristiano tuvo reparo alguno en coaligarse con aliados de la otra religión en contra de un vecino molesto, aunque fuera correligionario suyo. 
Dos cuerpos de ejército, uno cristiano y el otro musulmán,
cabalgan juntos hacia la batalla.

Como curiosidad: entre los cristianos del siglo XIII y alrededores, en Castilla solo podían llevar barba aquellos que hubieran sido cautivos, y solo mientras no cumplieran las promesas hechas durante su prisión. Los musulmanes, por contra, llevaban el pelo largo y la barbas luengas, como manda su ley.

 Como en aquellos años muy pocos nobles podían permitirse un ejército puramente profesional, había de ser quien sembraba, cuidaba las ovejas y recogía el trigo el mismo que, maza en mano, acompañara a su señor en el ataque al reino vecino. Por eso la guerra tendría que realizarse a partir de mayo-junio, con la cosecha ya recogida. En caso contrario estaba asegurada la hambruna para el año siguiente. Así, era de suma importancia el realizar una buena previsión de siembra y cosecha, y rezar al Altísimo para que las condiciones atmosféricas fueran las adecuadas: Si se podía recoger pronto, se podría atacar al enemigo mientas este aún cosechaba y obtener así tres beneficios añadidos: Una victoria más fácil, quedarse con la cosecha a medio recoger del vecino y, privado éste de alimentos, debilitarle lo suficiente como para, quizás, poder apropiarse de sus tierras al año siguiente.  Además, ya lo indicaba Vegecio en su Compendio de Técnica Militar, el atacante debía tratar de avanzar por territorio enemigo, de esta manera no consumía sus recursos en el avance, a la vez que reducía los recursos del enemigo comiendo de lo que producían sus tierras y devastando la zona por la que pasaba.

Y lo dejamos aquí para continuar otro día.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

La vida, la economía y la revolución industrial en la edad media.


Generalmente tendemos a suponer que la edad media fue una época oscura y atrasada tecnológicamente. Y obviamente, si la comparamos con el siglo XVIII, así resulta, pero no si la colocamos en su justo momento histórico.
La edad media comienza con el hundimiento del impero romano y este acontecimiento conlleva un elemento al que no se le ha dado la importancia que realmente tuvo. La caída del imperio supuso la práctica desaparición de la mano de obra esclava procedente de las guerras de conquista imperiales. Ante este problema, la Europa húmeda, favorecida por amplios campos forrajeros, se vio forzada a sustituir la fuerza humana por la animal. Floreció la cría de caballos y bueyes y estos animales se volvieron tan importantes que acabaron creando a su imagen una sociedad distinta a la existente hasta entonces. 

Los caballos servían para el trabajo, transporte y la guerra y animales tan versátiles se convirtieron en los más preciados entre todos. Comenzó a gran escala la cría de animales diseñados para trabajos específicos y nacieron nuevas razas de caballos de guerra, asnos de gran alzada, mulas resistentes y potentes bueyes. Los animales ya no solo debían producir carne, sino también fuerza motriz.
La fuerza animal cubrió a la perfección las necesidades de una sociedad diseminada y con escasos núcleos centralizados de población, cada vez más  aislada de sus vecinos. 
Así nació el germen del futuro caballero medieval, el caballero en su acepción de hombre con apellido. Es decir, alguien que forma parte de una familia lo suficientemente importante como para poder distinguirse de las demás, propietaria de una tierra de donde –casi con toda seguridad- tomará su apellido, con esclavos, animales y siervos a su servicio. Nace una nueva clase social que dará origen a lo que hoy conocemos como caballero medieval. 

Este "protocaballero" es, como hemos dicho, propietario de un puñado de tierra que le permite mantener a su apellido. Pero esta tierra, aunque trabajada por las potentes yuntas de bueyes, es escasa en recursos y los centros de comercio se encuentra alejados de la casa de la familia. Además, entre la recogida de una cosecha y la plantación o siembra de la siguiente existe un período de inactividad improductiva, que los caballeros medievales (todos los caballeros medievales, hispanos y germanos, vascos y castellanos, gallegos y catalanes) empleaban en lo que era la segunda industria medieval más importante: la guerra.

Bueno, como me han dicho que me enrollo demasiado en mis entradas, corto aquí y seguiré con este asunto más adelante.
Nos vemos.

Besamanos a Fernando V por los vizcainos en 1476

Besamanos a Fernando V por los vizcainos en 1476
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Bilbao en el siglo XV

Bilbao en el siglo XV
Así se supone que podía ser Bilbao a finales de la Edad Media

Casa torre de Etxaburu (fotografía de Txemi Ciria Uriarte)

Casa torre de Etxaburu (fotografía de Txemi Ciria Uriarte)
La casa, origen del linaje, razón de ser de los bandos

Espada de mano y media, también llamada espada bastarda - 1416

Espada de mano y media, también llamada espada bastarda - 1416
Armas de lujo para los privilegiados de la tierra

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