TIERRA AMARGA

Bienvenid@ este Blog, que pretende ser lugar de encuentro para todos los amantes de la edad media y sus gentes. Aquí hablaremos de cómo vivían, luchaban y morían aquellas gentes a las que toco vivir durante la edad media en esta Tierra Amarga.

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Tierra amarga, tierra de Banderizos

Este nuevo blog de Iñaki Uriarte -y de todos aquellos que quieran participar en él-, nace con el propósido de convertirse en un pequeño rincón donde exponer noticias, ideas y teorías sobre la edad media, los banderizos, sus luchas y su tiempo.
Un tablón donde colocar esos datos que los eruditos normalmente sobreentienden y que a mí personalmente, como simple aficionado, son los que realmente me interesan. Para mí, hablar de los Banderizos es conocer sus métodos de lucha, sus armas, la importancia que para aquellos hombres podía tener su cabalgadura. Es tratar de entender cómo vivían y qué comían, sus vestidos y sus casas, su tiempo y sus penurias.
Por eso trataremos de colgar anécdotas sobre las banderías, los nombres de los más violentos banderizos, sus peleas y las guerras en que participaron.

Sin miradas tendenciosas, con veracidad, pero también con la curiosidad de quien está vivo y con la ilusión de quien aún recuerda los cuentos escuchados en su niñez sobre guerreros armados de punta en blanco galopando hacia el enemigo sobre su caballo bridón.

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La novela

La novela
Una historia de aventuras, caballeros medievales y oscuros asesinos en serie

Y su trailer

martes, 3 de febrero de 2015

La Ballesta

Una ballesta consiste, básicamente, en un arco corto fijado a uno de los extremos de un travesaño de madera llamado cureña. La cuerda una vez tensa se fija a la nuez, que es una pieza cilíndrica con una hendidura longitudinal que mantendrá tensa la cuerda y una muesca en un lado donde se engancha la llave (lo que hoy llamaríamos gatillo) que la fija.  Al accionar la llave, la nuez gira liberando la tensión acumulada del arco y la cuerda arrastra en su movimiento el proyectil. 

Este arma se introdujo en Europa  hacia el año mil con un arco simple de madera y se tensaba tirando de la cuerda con ambas manos hasta engancharla en la nuez.  
Ballestero "armando al cinto"
a la derecha detalle de la gafa
Hacia el 1200 comenzaron a utilizarse los arcos  con palas compuestas que no podían ser tensados simplemente con la fuerza de los brazos, apareció así el estribo. Se le dispuso a la ballesta de un estribo colocado en el centro del arco y el ballestero se colocaba un cinturón de cuero de donde colgaba un doble gancho, la gafa. Para montar la ballesta, enganchaba la cuerda en la gafa, introducía luego el pie en el estribo y tiraba de él hacia el suelo. Así conseguía montar el arma sin romperse los riñones en el esfuerzo.
Pero pronto se incorporó el acero al arco, 
allá por el siglo XIV, con lo que el sistema de montar al cinto ya no era útil salvo en las ocasiones en que se 

ballesta con su cranequín
Pata de cabra
requiriera mayor cadencia de tiro. Comenzó así una evolución de los métodos de montaje simultánea al aumento de potencia de los arcos. Primero la pata de cabra, que mediante una palanca articulada tiraba de la cuerda hacia apoyándose en la empuñadura de la cureña, cuando esta se mostró insuficiente se inventó el cranequín, que era una barra dentada que se fijaba al arco mediante una cuerda y por la que corría un piñón también dentado,accionado mediante una manivela, que era el encargado de arrastrar la cuerda hasta la nuez . El último invento fue el armatoste que, como su nombre indica, consistía en un pesado artilugio que mediante un torno fijado a la empuñadura de la ballesta, y trámite una serie de poleas, era capaz de armar el arco más potente que se pudiera montar en una ballesta.
montando con armatoste
Pero por muy avanzado que estuvieran métodos de armar la ballesta, había veces que se anteponía la velocidad de disparo a la potencia de este. Por eso, cuando Pero Niño , ya iniciado el siglo XV, recibe el encargo de equipar las galeras con las que debe dar caza a los corsarios castellanos que saqueaban las costas del mar de Levante, se preocupa de  escoger para tripularlas a los mejores marineros y comitres, que fueran equipadas con los más fornidos y animosos remeros y que eligieran a los que fueran experimentados ya en la mar de levante. También  dispuso el reclutamiento de los mejores ballesteros mareantes, duchos y probados en armar sus ballestas al cinto. 


Diferentes puntas de dardos
Abajo, cuarta por la derecha, una punta de rallón.
Si variados eran los sistemas de armarla, también eran muchos los proyectiles que podía arrojar. Lógicamente, los más habituales eran los diferentes dardos con puntas de engarce pedunculado o tubular, como los cuadrillos, que tenían la punta piramidal de base cuadrada, de ahí su nombre; viratones y virotes de punta cónica, que no giraban en su trayectoria, como parece indicar su nombre, sino que se llamaban así por deformación de las palabras latinas verutu y verutum respectivamente, empleadas para designar a los dardos; los pasadores, que eran proyectiles de punta fusiforme, larga y delgada, diseñada para penetrar por entre los anillos de la cota y reventarlos. También empleaban nuestros banderizos los rallones, unos dardos con la punta plana, con forma de cincel, que se utilizaban habitualmente en la caza, pero que demostraron con harta frecuencia su eficacia contra los seres humanos.

Además, la ballesta podía montarse con una sola cuerda para lanzar los diferentes dardos, pero también podía ser equipada con una cuerda doble que, con una badana en su parte central, permitía al ballestero lanzar a sus enemigos piedras, balanos de plomo o bodoques, pequeñas esferas de barro endurecido al fuego.


Tan eficaz demostró ser la ballesta contra peones y caballeros, por bien equipados que fueran, que en el 1139, El Papa Inocencio II, en el segundo Concilio de Letrán, canon 29 declaró: “Prohibimos bajo anatema el arte mortal de ballesteros y arqueros, que Dios aborrece, que sean empleados de ahora en adelante contra los cristianos y los católicos Contundente prohibición, aunque poco efectiva, porque la verdad es que no parece que le hicieran mucho caso al interdicto.



Nota:
Las imágenes de ballesteros montando al cinto, con pata de cabra y armatoste han sido tomadas del blog benjaminrose.com en su post "Técnicas de arquería//la ballesta".

viernes, 14 de febrero de 2014

Grabados medievales

Hoy, simplemente, ofrecer a quienes leen este blog, y a todos los amantes del medioevo, una  página maravillosa donde encontrar imágenes de aquél período.  

Una extensa colección de grabados medievales y miniaturas centrada en soldados medievales con armadura.
En ella podremos ver, tal y como los veían sus contemporáneos, a espantosos elefantes de guerra y cruentas batallas.                                                        Damas con su caballero,
   o armas de asedio.  Realmente, una página donde perderse y revivir el mundo de la guerra medieval.    












         




martes, 28 de enero de 2014

Batallas medievales: Pero Niño en Jersey

Bien, como había prometido,  continuaremos con el desarrollo de la batalla de Jersey.

Habíamos dejado a los castellanos formados en una primera línea de dos alas formadas por paveseros, tras la que se resguardaban lanceros, arqueros ballesteros y demás gente “mal armada” (es decir, todos aquellos que no estaban guarnecidos con vestimentas protectoras, equipación de la que solamente disfrutaban los hombres de armas). Para poder interpretar y trasmitir las órdenes del capitán, Pero Niño colocó uno de sus hombres de armas entre ellos. 
Tras esta primera haz de gente ligera protegida por el muro de madera y cuero que formaban los paveses, a la prudencial distancia de treinta  o cuarenta pasos (entre 42 y 56 metros, es decir, fuera del alcance mortal de los arcos largos ingleses, que a esa distancia tan solo podían tratar de herirlos en tiro curvo, inútil para gente bien protegida) dispuso su batalla de hombre de armas, perfectamente equipados de armas ofensivas y defensivas. Disponía aquí Pero Niño de unos mil hombres de armas entre castellanos, bretones y normandos.

Lo ingleses enfrentaban su batalla con unos tres mil hombres a pie, mil de ellos hombres de armas, más doscientos de a caballo, que se acercaron por el lado del mar.

Cargó primero la caballería inglesa, tratando de tomar las espaldas de las líneas franco-castellanas, pero las defensas dispuestas y la gente bien ordenada les obligaron a retroceder sin que pudieran alcanzar su objetivo. Avanzaron entonces los ingleses y el capitán castellano ordenó a su vez tocar avance a las trompetas, y a la señal, se adelantaron sus haces a paso quedo sin perder la formación cerrada. Solo avanzaron unos pocos pasos, los suficientes para que sus gentes no esperaran quietos el avance de los ingleses, pero sin cargar contra el enemigo, esperando que fueran ellos quienes cargaran contra las filas castellanas.
http://manuscriptminiatures.com/search/?tags=%22crossbow%22
Efectivamente, al iniciar el avance los castellanos, los ingleses rompieron en ataque  y cargaron todos, a pie y a caballo contra las pavesadas, salvo los mil hombres de armas que avanzaron paso a paso y sin romper sus líneas.
Recibieron los castellanos a la caballería y a la infantería ligera enemiga con piedras, dardos, saetas y  flechas que causaron estragos entre las filas de soldados mal protegidos. A quienes alcanzaban los paveses los rechazaban los pillastres, con sus pilas o lanzas pesadas y tan férrea fue la defensa castellana y tan ordenadas estaban las filas, que les fue imposible superarlas y hubieron finalmente de retirarse.
Entre tanto, llegaron al lugar la infantería pesada inglesa y, como los pavesados, ballesteros y demás gente ligera de Pero Niño habían salido en persecución de los ingleses que huían, atravesaron las filas desordenadas. 
Solo entonces avanzó el capitán castellano su batalla para encontrarse con ellos.

Fue recio el encuentro. Se encontraron con las lanzas y cayeron gran número de gentes y aún a los caídos lanceaban. Rotas las lanzas, y acortadas las distancias, echaron mano entonces los hombres a sus armas de mano para atacar con hachas y espadas en una melé de hierro y muerte. 
Pronto, de tan violenta que era la lucha,  se vio a hombres agotados desprenderse de bacinetes, brazales y musequíes para poder seguir luchando. Y aún había a quienes, ya sin fuerzas, se les caían las hachas de sus manos y atacaban entonces al enemigo con las dagas e incluso con las manos desnudas, empeñados en derribar a sus adversarios. 
Caían unos y otros se alzaban, mientras por todas partes se veían gentes corriendo y luchando. En palabras del cronista, tan dura era la pelea que al mejor luchador que entonces hubiera le costaría asaz trabajo en combatir en ella. Y tan buenos eran los hombres de ambas partes y tanta voluntad ponían en a lucha, que de no ser por el ardid que Pero Niño urdió, en poco más de una hora acabaran todos muertos.
Pero el capitán castellano se había fijado que tras las líneas inglesas ondeaba un pendón blanco con la cruz de san Jorge. La bandera de los ingleses, que se mantenía enhiesta pese a que la mayor parte de los estandartes habían sido derribados. 
Llamó entonces al caballero Etor de Pombrianes y a los normandos que le guardaban, juntó además a cuantos hombres de armas pudo entre el fragor de la lucha, y con unos cincuenta hombres rodeó las filas en combate y con gran esfuerzo, alcanzaron la posición donde estaba el pendón inglés. 
Se enfrentaron en dura pelea, pues allí se encontraba lo más granado de ambos ejércitos, hasta que cayó muerto el capitán inglés, a quien llamaban Receveur.
Aquí el cronista, alférez -o lo que es lo mismo, portador de la bandera- de Pero Niño, especifica que él mismo lo vio muerto a sus pies. Indicando que: Y de todo esto puede dar fe el que tenía la bandera del capitán. Para continuar luego narrando que tantos fueron los caídos entre quienes defendían la enseña inglesa que los castellanos no podían seguir avanzando, pero al fin consiguieron alcanzar el pendón y derribarlo.
Cuando los ingleses dejaron de ver el pendón de su capitán, sin nadie que les trasmitiera las órdenes y sin saber si había podido el enemigo rodearles, se dieron a la fuga cada uno por su lado.
Alcanzada la victoria, el capitán castellano se encontró dueño del campo de batalla pero con la mitad de su ejército -galeotes, ballesteros, pillartes y demás gentes que habían formado el primer haz de la batalla- derramados por las tierras vecinas tras el enemigo. De manera que ordenó a su alférez que mantuviese la posición con sus tropas hasta que él, junto a otros caballeros, recogieran al resto de sus tropas. 
Tardaron en agruparlas más de dos horas y hubo de permanecer el haz del alférez firme en su posición hasta que el resto de las gentes no estuvieron en los navíos.
Solo entonces tornaron a sus posiciones en la isla pequeña al lugar donde  había ordenado montar su campamento y donde al fin pudieron descansar, comer quienes quisieron  y curar a sus heridos.


Entre otros muchos detalles, en este relato se puede apreciar la importancia que el alférez tenía en el ejército medieval. No olvidemos que había de ser hombre de la máxima confianza del capitán y la persona más fiable a la hora de narrar cada acto de la batalla, pues estaba obligado a mantenerse junto a él, atento a trasmitir sus órdenes a las demás banderas, a comunicar a su señor los movimientos de sus tropas, vigilar las maniobras del contrario y defender su pendón del enemigo.


martes, 31 de diciembre de 2013

Batallas medievales

Es una idea bastante generalizada el considerar  las batallas medievales  como dos masas de individuos enfrentados los unos a los otros sin orden ni concierto. Como también se da por aceptado el que las batallas en aquellos años se resolvían en una serie de combates individuales entre los diferentes individuos que formaban los contingentes enfrentados.
Según esta disparatada teoría, dos muchedumbres de hombres, a pie o a caballo, todos cargados de hierro y blandiendo hermosas espadas, cargaban lo más rápido que les permitían sus piernas o sus caballos contra el enemigo. Cuando se encontraban, se trababan en lucha singular con el contrario que les caía más cercano hasta derribarlo para cargar entonces contra otro hasta que uno de los contendientes era arrollado o huía.
Nada más lejano de la realidad. Resulta complicado el admitir que caballeros y reyes, expertos en sus ocupaciones y  veteranos de mil batallas, se enfrentaran de esta manera.
Infinidad de tratados militares medievales y anteriores (hay que leer a Vegecio) detallan la correcta disposición de las tropas para optimizar los resultados, en función de las gentes de que se disponga y sus equipamientos. Pero, además, alguno de los protagonistas de aquella historia nos ha dejado narraciones perfectamente detalladas de cómo resolvían estos conflictos.

Un experto en aprovechar al máximo el terrero y sus recursos, fue nuestro ya buen amigo Pero Niño. Y a él nos remitiremos para detallar la disposición de hombres y armas en una batalla medieval real.
Nos cuenta el cronista que, tras tomar tierra al mando de unos dos mil hombres, en la isla de “Jarsey” (supongo que se refiere a Jersey) dispone todas sus fuerzas a pie en dos haces, o batallas, (batalla o haz era como denominaban en aquellos años a las secciones del ejército en formación de combate) distribuidos de la siguiente manera:
Ordena la primera haz en dos alas de 60 paveses cada una, tras las que sitúa todos sus ballesteros y arqueros (frecheros) protegidos por lanceros (pillartes). A estos soldados les apoyan el resto de gente mal armada de la expedición,  que se encargarán de lanzar dardos, venablos y piedras (con onda o a mano) a los atacantes y entrar en el cuerpo a cuerpo si hubiera ocasión. Tras dejar un hombre de armas con la bandera de señales en esta primera batalla,  retrocedió Pero Niño como treinta o cuarenta pasos para formar su segunda haz, la formada por los hombres de armas. Estos, tanto caballeros como peones, y al contrario que la primera haz que estaba  formado por la infantería ligera, venían equipados con protecciones corporales, yelmos, petos, perpuntes, cotas y corazas, esgrimían  lanzas y portaban al cinto hachas, espadas y dagas. Constituían esta su segunda haz de infantería pesada unos mil hombres de armas, castellanos, bretones y normandos. Cada uno con sus estandartes y banderas de señales y tras ellos, la bandera de Pero Niño, que debía indicar los movimientos de las tropas y secciones.
Junto a su bandera, el capitán dispuso las bocinas de señales y esperó al enemigo.

Para tener una idea más exacta de lo que suponía esta disposición de tropas, tenemos que ser conscientes de que el hombre medieval medía –generalmente- entre 1’50 y 1’60 metros y de que un pavés medio alcanzaba 120 centímetros de altura por 60 de ancho.  Cualquier hombre quedaba entonces perfectamente cubierto por un solo pavés.
Por lo tanto, la disposición de dos alas de 60 paveses cada una, habría de enfrentar a los ingleses (unos tres mil a pie, incluyendo a sus famosos arqueros,  a los que se sumaron doscientos a caballo) una muralla de madera y cuero, insensible a cualquier proyectil que pudieran arrojarle. Tras ese muro infranqueable, los diferentes lanzadores se complementan para cubrir todo el campo. Los arqueros alcanzan más distancia y son más rápidos que los ballesteros, pero estos tienen un tiro recto mucho más potente, capaz de causar baja a través de armaduras y cotas, los mal armados lanzan piedras y venablos a los que consiguen sortear flechas y virotes y los armados con lanzas se encargan de quienes consigan acercarse.  
Tras esa pared de proyectiles, fuera del alcance de las flechas enemigas, los hombres de armas esperan que la primera haz desbarate los arqueros enemigos para entrar en batalla.
Como se puede comprobar, todo perfectamente previsto y calculado.


Y del resultado de la batalla, hablaremos en el siguiente artículo.

viernes, 22 de noviembre de 2013

Guerra Justa

Para cerrar los comentarios sobre el sexo medieval (al menos de momento) me gustaría dejar indicado lo que para el Conde Buelna, señor de la guerra entre los siglos XIV y XV, deja escrito respecto a la violación en tiempos de guerra.
Pero Niño nos habla del concepto de guerra justa y, una vez más, nos encontramos con que la mentalidad medieval dista mucho de ser ni tan siquiera semejante a la de un occidental del siglo XXI. Aunque la imagen de despiadados guerreros, sedientos de sangre y violadores de doncellas, que las películas y series de televisión nos dibujan de los caballeros medievales, poco o nada tiene que ver con lo que realmente eran nuestros banderizos.
Ni eran caballeros buscadores del Grial, ni bestias sanguinarias. Eran, simplemente, hombres de negocios empeñados en  ejercer de la manera más eficaz su profesión.
Batalla de Worringen
En fin, como veo que me estoy enrollando sin atacar al meollo de la cuestión, paso a detallar lo que en El Victorial, dice el biógrafo de Pero Niño sobre lo que se considera Guerra Justa.

Deja escrito que, en guerra de cristianos, se debe hacer "guerra justa" e indica las cuatro condiciones que una guerra ha de tener para poder considerarla justa:
1- En ella no se debe matar al enemigo prisionero o ya vencido. Se le debe perdonar la vida, aunque si tiene algún valor se le puede tomar como rehén o esclavo.
2- Se deben respetar las Iglesias y sus pertenencias. Como se debe respetar a quienes se refugien en su interior. Solo, en caso de necesitarlo para poder continuar vivo, se puede tomar la comida y vituallas propiedad de la Iglesia que se necesiten, dejando el resto que no se ha de llevar de botín. Esta es una de las razones (a más de que la iglesia solía ser el edificio más resistente del pueblo) por la que, en caso de ataque, la gente se solía refugiar en las iglesias cercanas.
3- No quemar panes ni casas, que supondría el hambre y desolación para la gente humilde que vivía en las tierras atacadas. El propósito de la guerra es sacar beneficios, no destruir al enemigo. El arrasar los campos atacados solo se podría hacer en caso de que el enemigo lo hubiera hecho antes o hubiera asaltado iglesias en nuestras tierras.
4- Y por fin, e hilando con el post anterior, Pero Niño afirma que se han de respetar a las mujeres, y no tomarlas ni casadas ni solteras. Y que si alguno la tomara contra su voluntad, ordena don Pero que su propio compañero lo mate allí mismo, o que si cualquier otro lo supiera, le dé muerte allá donde lo halle.

Como se puede comprobar, el respeto a la voluntad y el derecho de la mujer, está perfectamente claro. No son objetos sexuales ni deben ser sujetas a violencia, ni tan siquiera en circunstancias tan brutales como puede ser una batalla. 

Pero... todo esto solo sirve en guerras de cristianos, cuando se trata de combatir moros o similares, no existe limitación alguna al daño (ya lo demuestra él mismo en sus crónicas por tierras africanas). Solo los cristianos son personas y cuando el enemigo es de diferente color o religión, no tiene porque ser considerado humano y por lo tanto no está sujeto a las leyes que para con nuestros semejantes debemos respetar.
 ¿De verdad eran tan diferentes como afirmábamos al principio?

sábado, 9 de noviembre de 2013

Sexo medieval

Como tantas otras cosas, el sexo en la edad media se vivía de manera completamente diferente a como hoy lo entendemos. Y como es habitual, no era nada parecido a lo que comúnmente se cree.

De entrada, el famoso y tan socorrido en películas y novelas derecho de pernada, nunca existió.
Los señores tenían derechos fiscales sobre los siervos y el matrimonio podía suponer la desnaturalización de alguno de los contrayentes. Como esto podía suponer una pérdida de ingresos para su patrón, y como toda ocasión es buena para grabar con impuestos a los que no se pueden defender (¿de qué me suena a mí esto?), cuando un siervo libre se quería casar tenía que pagar cuatro sueldos a su señor.
¡Tenían que pagar impuestos para casarse! ¡Pobres campesinos medievales, como les explotaban!
Canecillo gótico.
Fotografía de José Luis Santos Fernández
El mito del traído derecho de pernada, bautizado inicialmente como lus primae noctis, o derecho a la primera noche, nace a principios del siglo XIII en el Estout de Goz. En este poema, escrito por un monje de Mont Sant Michel, en Francia, se describe lo terrible que sería para sus siervos el que prefirieran servir a un señor laico, capaz de los mayores excesos, incluso el obligarles a entregar la virginidad de sus novias. Aberración que, claro esta, los buenos monjes que les cobran sus impuestos no tienen intención de cometer para con sus fieles vasallos.
El bulo va creciendo hasta que en vísperas de la revolución francesa, Voltaire, para denigrar la imagen de la nobleza y exacerbar aún más el odio del pueblo hacia esta clase social, se inventa el término derecho de pernada.
Para aumentar aún más la confusión, en las Hispanias existía el derecho de cuarto, o derecho de pernil. El señor tenía derecho a una pata de cada cuadrúpedo de sus siervos y vasallos. De cada vaca, cerdo o cabra que se les muriera o mataran, una pata debía de ser entregada al señor. Más de un investigador insinúa que los ignorantes, o los mal interesados, mezclaron churras con merinas y acabaron confundiendo el derecho de pernil con el derecho de pernada.
En resumidas cuentas, el señor medieval, jamás tuvo derecho a violar ninguna novia. De hecho, durante el reinado de Alfonso X, se penaba con 500 sueldos de multa y, lo que resultaba mucho más gravoso al infractor, con la privación de todos sus cargos, a quien desflorara a una novia antes de su boda. 
Lo que realmente pasaba es que en aquellos tiempos el sexo no era algo tabú ni se escondía, ni era motivo de vergüenza. Era algo natural, cotidiano, que practicaban humanos y bestias con la misma espontaneidad y sencillez. Y su representación a parecí en iglesias, catedrales e incluso el mismo tapiz de Bayeux, ornamento de la catedral de Bayeux, muestra en sus márgenes algunas escenas de claro contenido erótico.

Una de las imágenes eróticas del
 tapiz de Bayeux
Lógicamente, los poderosos abusaban de su preeminencia, como en el resto de la vida y situaciones, y el sexo no era una excepción.
Pero, además, para la nobleza, el sexo era, o podía ser –como el resto de sus actos-  cuestión de honor. Ni más ni menos que los demás aspectos de su vida cotidiana. Era cuestión de honor el que no se pescara salmón en sus ríos, que no le robaran castañas los del apellido rival a una de sus campesinas, o que  el primogénito de los Capuletos se acostara con la niña de los Montescos. 
Al final, siempre resulta que el honor se limita a influencia, dinero y prestigio.

Ahora, pasamos a unas divertidas anécdotas, narradas por nuestro cronista preferido, sobre como vivían el sexo y las relaciones sentimentales nuestros banderizos.

Como ejemplo preclaro de la relación entre señor y siervo, valga los comentarios de Lope García de Salazar sobre su antepasado del mismo nombre, que tuvo ciento veinte hijos e hijas bastardos porque tenía gracia de preñar a toda mujer moza (recordemos aquí que moza se entendía entonces como virgen) de sus tierras.
Pero esto, que podría resultar una monstruosa aberración a los ojos de una personal normal del siglo XXI, no suponía especial deshonra para nadie. Ni para el señor, la moza ni el bastardo. Los hijos, reconocidos por su padre, toman el nombre de Salazar o de su madre, según prefieran, y adquieren derechos, tierras y posición. De igual modo, las hijas desposan con escuderos o hidalgos y ambos, varones o hembras,  pueden dar lugar a linajes propios.

Aunque los celos y violencias por el honor tampoco eran ajenas en aquellas fechas.
Cuentan que, muerto don Pero de Agüero en la Coruña, quedó huérfano su hijo Pero de dos años, como tutora su joven madre, doña María de Velasco y como gobernador del solar a su hermano García de Agüero. Este buen don García era hombre de fuerte temperamento no se sabe si porque pretendía mantener intacto la influencia y poder de la familia, porque le gustaría conseguir de su cuñada viuda algo más que el reconocimiento fraternal de sus esfuerzos o porque era hombre celoso del honor de su hermano muerto, el caso es que cada vez que la desconsolada viuda encontraba un hombro amable donde descargar sus penas, el bueno de García montaba en cólera.
Un inciso para recordar que en la edad media desposaban las mujeres apenas eran fértiles, en torno a los 14 o 15 años. Por lo tanto, una viuda con hijo de dos años es de suponer que tuviera entre 18 y 20 años.
Así que cuando en una visita a su cuñada se encontró que ésta estaba encamada con Pero González de Cornizo de Santander lo mató en el propio palacio de Agüero, y por la misma razón degolló a Diego de Ralas.
La buena de María debía de ser mujer bonita y ardiente, porque no tardó mucho en encontrar consuelo entre los brazos de Juan Sánchez de Alvarado, anciano de ochenta años. Pero no debía de ser muy discreta, porque su cuñado les encontró una noche a ambos en la misma cama. Nuevamente sacó su genio a relucir don García y, tras cortarle las turmas al pobre anciano, lo montó en su mula y lo devolvió a su casa en Laredo, donde murió al cabo de treinta días.
Se sabe que la pobre viuda acabó más  que harta de su cuñado, porque aliándose con algunos otros apellidos que también le tenían ganas al tal don García, lo prendieron una noche en casa de su madre, donde dormía, y lo decapitaron con la aquiescencia del Conde y el corregidor.
Es de suponer que a partir de ese momento la joven viuda pudo dedicarse con más tranquilidad a llevar su hacienda y a las laboras propias de su condición. 


miércoles, 30 de octubre de 2013

Vizcaínos en las Navas de Tolosa

Los banderizos no solo peleaban entre ellos. Gentes entrenadas, aguerridas y bien equipadas, eran soldados apreciados por sus señores y reyes.
Ejemplo preclaro y representativo de la mentalidad de aquellos bizarros caballeros, es la participación de los vizcaínos en la más grande batalla medieval jamás disputada en tierras hispanas, la batalla de las Navas de Tolosa, en la que participó, dirigiendo la vanguardia cristiana, el señor de Vizcaya don Diego López de Haro, al que llamaron el Malo, por ceder Alarcos a los musulmanes.

Dirigía las tropas cristianas el rey de Castilla don Alfonso, que colocó a su derecha al rey de Navarra, reforzadas sus fuerzas por ricos hombres y gentes de los concejos castellanos, y a su izquierda al rey de Aragón.
El rey castellano formó con sus más allegados la retaguardia del haz central. La medianera correspondió a las órdenes militares junto a diferentes concejos castellanos y la vanguardia, como hemos dicho, la adjudicó al señor de Vizcaya y sus gentes, acompañado por sus hijos Lope y Pero y los señores de los Cameros.

Cuando estaban formadas las haces, dispuestas frente al enemigo, un temor cruzó el rostro del joven Lope. Equivocando la actitud de su padre en Alarcos, temió que en tamaña situación no supiera hacer frente al mayor ejército reunido hasta la fecha por los almohades, de manera que acercó su bridón al de su padre, descabalgó, y de rodillas ante su padre y señor, le dijo:
- Señor, os pido por merced que no repitáis los hechos de Alarcos, que mantengáis la cara al enemigo y que nadie, después de hoy, me pueda llamar hijo de traidor.
Don Diego, miró de arriba abajo a su hijo y, con media sonrisa en el rostro le respondió:
- Hijo mío. A ti, te podrán llamar hijo de puta, pero jamás hijo de traidor. Ahora bien, la demostración la tendremos ahí abajo -Le señaló las tropas musulmanas-. En este mismo lugar veremos si eres capaz de seguirme y como me guardas.
Lope Díaz besó las manos de su padre y le respondió:
- Señor, os guardaré como un hijo debe guardar a su padre y como un vasallo sirve a su señor.

Sin más palabras, cargaron al frente de las tropas cristianas alcanzando don Diego la primera sangre y realizó tales proezas aquél día que a partir de entonces le llamaron don Diego el Bueno.
Y fueron en esta batalla buenos caballeros sus hijos Lope y Pero Días, y don Ferrand Sánchez de Salcedo, Señor de Ayala y don Rodrigo Sánchez de Salcedo, su hermano y otros caballeros noveles a los que los sarracenos habían matado a sus padres en Alarcos.


Besamanos a Fernando V por los vizcainos en 1476

Besamanos a Fernando V por los vizcainos en 1476
Pinchando el cuadro puedes acceder a la galería de fotografías de Tierra Amarga

Bilbao en el siglo XV

Bilbao en el siglo XV
Así se supone que podía ser Bilbao a finales de la Edad Media

Casa torre de Etxaburu (fotografía de Txemi Ciria Uriarte)

Casa torre de Etxaburu (fotografía de Txemi Ciria Uriarte)
La casa, origen del linaje, razón de ser de los bandos

Espada de mano y media, también llamada espada bastarda - 1416

Espada de mano y media, también llamada espada bastarda - 1416
Armas de lujo para los privilegiados de la tierra

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