Bienvenid@ este Blog, que pretende ser lugar de encuentro para todos los amantes de la edad media y sus gentes. Aquí hablaremos de cómo vivían, luchaban y morían aquellas gentes a las que toco vivir durante la edad media en esta Tierra Amarga.

Busca palabras y contenidos en las entradas anteriores de Tierra Amarga

Tierra amarga, tierra de Banderizos

Este nuevo blog de Iñaki Uriarte -y de todos aquellos que quieran participar en él-, nace con el propósido de convertirse en un pequeño rincón donde exponer noticias, ideas y teorías sobre la edad media, los banderizos, sus luchas y su tiempo.
Un tablón donde colocar esos datos que los eruditos normalmente sobreentienden y que a mí personalmente, como simple aficionado, son los que realmente me interesan. Para mí, hablar de los Banderizos es conocer sus métodos de lucha, sus armas, la importancia que para aquellos hombres podía tener su cabalgadura. Es tratar de entender cómo vivían y qué comían, sus vestidos y sus casas, su tiempo y sus penurias.
Por eso trataremos de colgar anécdotas sobre las banderías, los nombres de los más violentos banderizos, sus peleas y las guerras en que participaron.

Sin miradas tendenciosas, con veracidad, pero también con la curiosidad de quien está vivo y con la ilusión de quien aún recuerda los cuentos escuchados en su niñez sobre guerreros armados de punta en blanco galopando hacia el enemigo sobre su caballo bridón.

(Para ver todas las entradas, pincha sobre el título del blog, y si quieres saber sobre un tema ya tratado en este blog, escribe los términos de búsqueda en el recuadro de arriba y pincha en "Buscar")

La novela

La novela
Una historia de aventuras, caballeros medievales y oscuros asesinos en serie

Y su trailer

jueves, 24 de mayo de 2012

Que comían los banderizos


Obviamente -como sucede también hoy en día- no comían lo mismo las gentes del pueblo que los hidalgos y caballeros medievales. Es cierto que la alimentación de ambos se basaba principalmente en los productos que la propia tierra podía suministrar –incluyendo algunos que hoy nos pueden resultar chocantes- pero los más pudientes se hacían traer viandas y especias desde los más lejanos confines del globo.
La jornada laboral era de sol a sol y a ella se ajustaban los ciclos de la vida. y, por lo tanto, también la alimentación de los siervos, esclavos y collazos. Un bocado de pan (para el pueblo casi nunca de trigo, sino de otros cereales más asequibles) acompañado de cebolla al levantarse, otro bocado a los mismos manjares a media jornada y la comida propiamente dicha al volver a casa: un caldo de verdura engordado en el mejor de los casos por las diferentes harinas que más adelante apuntaremos, donde el único aporte animal era, cuando se disponía de él, un pedazo de unto.
Pero esto no ocurría en las casas de los señores que, enriquecidos por el hierro, el comercio o la guerra, disponían de buenos dineros para adquirir todo tipo de manjares y alimentarse de manera más abundante y repetida.
Todos comían pan y gachas, elaborados ambos con trigo (poco en Vizcaya, donde era escaso y caro), cebada, centeno y mijo. También se elaboraba harina de la bellota, la castaña y las habas para luego hacer tortas y pasteles o añadirla a las sopas y cocidos.
En Vizcaya, tierra marinera, era habitual encontrar en los mercados una gran variedad de pescados de sus costas. Existen referencias de la venta de merluza, atún, congrio, mero, lijas, bacalao, sardinas y arenques (que se traían de Flandes, Irlanda y Galicia), además de ostras, salmón (importado en muchos casos), aunque también se consumían pescados de aguas dulces o salobres como trucha, carpa, anguila o lamprea.
Muchos de estos pescados se consumían tanto en fresco como secos, ahumados o conservados en sal o miel.
Lógicamente, cualquier animal que se moviera sobre la tierra era también un alimento potencial, aunque alguno de ellos nos choque hoy. Se cazaban para comer -y se comercializaba su carne- tanto las perdices como chimbos, codornices, patos, gaviotas, palomas y casi cualquier bicho que tuviera plumas, incluyendo las garzas, cisnes, cigüeñas y grullas. Lo mismo les ocurría a los que corrían la tierra. Conejo, liebre, corzo, ciervo, jabalí, erizo o ardilla… todo lo que se podía cazar era comida.
Otra fuente importante de alimentos la suministraba el bosque y la campiña. Todo tipo de bayas y frutas, tanto silvestres como cultivadas eran alimentos preciados en la edad media. Se disfrutaba de las bellotas con el mismo placer que las castañas, las nueces, los piñones, las avellanas, e incluso los hayucos, que eran consumidos con placer tanto en fruto como en harina. También se comían higos pasos, dátiles y pasas.
La huerta era la otra base de la alimentación medieval (aunque no contaban con los productos que luego aportarían a nuestros campos las tierras americanas, como los pimientos o la patata) y se cultivaban y vendían habas, lentejas, arvejas, calabazas, nabos, cebollas, coles,  ajos y toda la variedad  de productos que las huertas suministraban. 
La caza era privilegio de los señores que comían en abundancia jabalí, gamos y palomas, pero los campesinos y esclavos no solían disponer de más carne en su olla que la que podían cazar a escondidas o la de sus animales de granja cuando morían de enfermedad o vejez, de manera que su alimento animal más habitual era el unto (manteca), junto a la mantequilla y el queso. Pero no faltaban en la mesa del caballero medieval la gallina y el capón, el cerdo, la cabra, buey y carnero, cualquier animal a su alcance era comida apreciada, menos los equinos (caballo, burro y mula, demasiados valiosos como para comérselos) y el perro, que era considerado animal impuro.

En una época donde no existían los frigoríficos, eran muy apreciadas las especias que ocultaban el olor y el sabor demasiado fuertes de algunos alimentos. Trataban de cubrir esta demanda las potentes flotas de las especias que desembarcaban en Flandes y Portugal especias de los más exóticos orígenes.  Desde estos puertos se importaba pimienta, canela, nuez moscada y jengibre que se encontraban en el mostrador del especiero junto al azafrán, el anís, el ajo y el comino, sin que faltaran en los mercados la miel, la sal o el azúcar valenciano, traído de la refinería real de Gandía.
Para terminar este artículo, recordar que las bebidas más habituales eran el vino y la sidra, aunque algunos sibaritas, copiando costumbres moriscas, gustaban de beber en verano nieve aromatizada con zumos de frutas. Para ello se guardaba la nieve invernal en las neveras de montaña, donde podía conservarse hasta bien entrado el estío para deleite de caballeros y princesas refinadas.


2 comentarios:

Joselondinium dijo...

De nuevo, Iñaki, nos deleitas con tu capacidad para comunicar el conocimiento medieval, en concreto de los banderizos.

Excelente artículo. Gracias por compartirlo.

Iñaki dijo...

Siempre me ha gustado conocer esos pequeños detalles de la Historia que nunca se molestaron en enseñarnos en las escuelas. De ahí viene esta relación de alimentos y comidas del medioevo, y todo cuanto se cuenta en estas páginas.
En todo caso, gracias a ti y a cuantos se molestan en leer estos artículos, por que sois la única razón de ser de este blog.

Besamanos a Fernando V por los vizcainos en 1476

Besamanos a Fernando V por los vizcainos en 1476
Pinchando el cuadro puedes acceder a la galería de fotografías de Tierra Amarga

Bilbao en el siglo XV

Bilbao en el siglo XV
Así se supone que podía ser Bilbao a finales de la Edad Media

Casa torre de Etxaburu (fotografía de Txemi Ciria Uriarte)

Casa torre de Etxaburu (fotografía de Txemi Ciria Uriarte)
La casa, origen del linaje, razón de ser de los bandos

Espada de mano y media, también llamada espada bastarda - 1416

Espada de mano y media, también llamada espada bastarda - 1416
Armas de lujo para los privilegiados de la tierra

Entradas populares

Seguidores

Tierra Amarga|Crea tu insignia