Bienvenid@ este Blog, que pretende ser lugar de encuentro para todos los amantes de la edad media y sus gentes. Aquí hablaremos de cómo vivían, luchaban y morían aquellas gentes a las que toco vivir durante la edad media en esta Tierra Amarga.

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Tierra amarga, tierra de Banderizos

Este nuevo blog de Iñaki Uriarte -y de todos aquellos que quieran participar en él-, nace con el propósido de convertirse en un pequeño rincón donde exponer noticias, ideas y teorías sobre la edad media, los banderizos, sus luchas y su tiempo.
Un tablón donde colocar esos datos que los eruditos normalmente sobreentienden y que a mí personalmente, como simple aficionado, son los que realmente me interesan. Para mí, hablar de los Banderizos es conocer sus métodos de lucha, sus armas, la importancia que para aquellos hombres podía tener su cabalgadura. Es tratar de entender cómo vivían y qué comían, sus vestidos y sus casas, su tiempo y sus penurias.
Por eso trataremos de colgar anécdotas sobre las banderías, los nombres de los más violentos banderizos, sus peleas y las guerras en que participaron.

Sin miradas tendenciosas, con veracidad, pero también con la curiosidad de quien está vivo y con la ilusión de quien aún recuerda los cuentos escuchados en su niñez sobre guerreros armados de punta en blanco galopando hacia el enemigo sobre su caballo bridón.

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La novela

La novela
Una historia de aventuras, caballeros medievales y oscuros asesinos en serie

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martes, 23 de noviembre de 2010

Sobre caballos, caballeros, y demás bestias -II

Desde la entrada anterior, sabemos que el caballo era un animal muy bien valorado en la edad media, pero la cinematográfica escena de un caballero medieval atravesando verdes campos sobre un espectacular corcel quizás haga que nos perdamos en su imagen, sin llegar a comprender lo que realmente significaban los animales de monta en aquellos años previos al nacimiento del señor Ford.
De entrada, el caballo no era el único animal que cabalgaban damas y señores. De hecho, para los pudientes existían dos animales de monta: el palafrén, un caballo manso y tranquilo que se dedicaba únicamente a la monta y que utilizaban damas, nobles y reyes para hacer exhibición de su riqueza, y la mula, que -aunque nos resulte extraño hoy- era el animal preferido por los ricos y poderosos para viajar (podemos encontrar numerosos ejemplos en los cantos del mío Cid o en las bienandanzas de Lope García de Salazar). De hecho, las mulas eran más valoradas que los caballos para viajes largos y la empleaban tanto damas como nobles y reyes. También una buena mula de monta podía vestir arreos tan preciosos como los del mejor caballo y costar casi tanto como él.
Frente a ellos, tenemos el animal por antonomasia: el caballo de batalla o bridón. Un bruto enorme, poderoso, entrenado para la guerra y nacido para cargar contra el enemigo. A nadie en su sano juicio se le ocurriría salir de paseo con su bridón, salvo que quisiera impresionar con su poderío a sus espectadores; de hecho, la entrada en una población sobre un caballo de batalla era, en la práctica, un desfile militar. Para este uso de guerra, en Europa solo eran admitidos en esta categoría los machos enteros (sin castrar), briosos garañones de nervio vivo y tan mal carácter como sus dueños. Estos eran, con mucho, los más valiosos. De hecho, resultaban tan caros que, en estas tierras patrias de hidalgos campesinos, muchos no dudaban en utilizar para este fin a las yeguas de similares características. Estas demostraron en más de una ocasión que, en esto de la guerra, si el ánimo está firme el género no importa, pero no evitó que a sus jinetes les miraran con desprecio el resto de nobles europeos.
A estas tres animales, mula, palafrén y bridón, pronto se les añadió en la península un cuarto: el caballo jinete. Un caballo no tan elegante y manso como el palafrén, de menor envergadura y fuerza que el bridón y menos cómodo que la mula, pero más económico y tremendamente eficaz.
Este tipo de caballo no tardó en extenderse por entre quienes no disponían de la fortuna que suponía adquirir y equipar a un bridón y su caballero. Incluso para quienes podían permitirse este dispendio, resultaba mucho más rentable, en el ámbito militar, equipar a parte de sus acompañantes a la jineta, con armadura ligera y sin protección para el caballo. Al ser una forma “bastarda” de caballería, con el pragmatismo que aportan las leyes del mercado y ante la necesidad de emplear para ello un caballo más tranquilo que obedeciera ciegamente a su jinete, no era extraordinario –sino más bien práctica común- el que para este nuevo tipo de combate se emplearan tanto yeguas como castrados, de menor envergadura y presencia, que no valían ni para palafrenes ni como bridones pero que cumplían a la perfección su cometido en la batalla.

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Besamanos a Fernando V por los vizcainos en 1476

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Bilbao en el siglo XV

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Casa torre de Etxaburu (fotografía de Txemi Ciria Uriarte)

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Espada de mano y media, también llamada espada bastarda - 1416

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