Bienvenid@ este Blog, que pretende ser lugar de encuentro para todos los amantes de la edad media y sus gentes. Aquí hablaremos de cómo vivían, luchaban y morían aquellas gentes a las que toco vivir durante la edad media en esta Tierra Amarga.

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Tierra amarga, tierra de Banderizos

Este nuevo blog de Iñaki Uriarte -y de todos aquellos que quieran participar en él-, nace con el propósido de convertirse en un pequeño rincón donde exponer noticias, ideas y teorías sobre la edad media, los banderizos, sus luchas y su tiempo.
Un tablón donde colocar esos datos que los eruditos normalmente sobreentienden y que a mí personalmente, como simple aficionado, son los que realmente me interesan. Para mí, hablar de los Banderizos es conocer sus métodos de lucha, sus armas, la importancia que para aquellos hombres podía tener su cabalgadura. Es tratar de entender cómo vivían y qué comían, sus vestidos y sus casas, su tiempo y sus penurias.
Por eso trataremos de colgar anécdotas sobre las banderías, los nombres de los más violentos banderizos, sus peleas y las guerras en que participaron.

Sin miradas tendenciosas, con veracidad, pero también con la curiosidad de quien está vivo y con la ilusión de quien aún recuerda los cuentos escuchados en su niñez sobre guerreros armados de punta en blanco galopando hacia el enemigo sobre su caballo bridón.

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La novela

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Una historia de aventuras, caballeros medievales y oscuros asesinos en serie

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jueves, 4 de junio de 2009

Las armas en la edad media. I - la espada

De la infinidad de armas empleadas en la edad media, la principal y más conocida es, sin lugar a dudas, la espada. El arma medieval por antonomasia, la más eficaz y mortífera, propiedad de reyes e hidalgos.

Una buena espada, como arma noble que era, resultaba cara, muy cara, extremadamente cara –podía llegar a costar trescientos reales de plata, lo que vendría a ser algo así como el sueldo de 30 años de un menestral – de manera que las buenas espadas eran armas reservadas a los muy ricos. Los hidalgos más modestos habían de conformarse con espadas algo más económicas, pero aún así fuera del alcance de quien no dispusiera de rentas suficientes.

La espada era una perfecta obra de arte fruto del desarrollo tecnológico de la época y el espadero un profesional siempre distinguido y considerado en la sociedad medieval. Prueba de la importancia de estos maestros, son los nombres de afamados espaderos vizcaínos que han llegado hasta nosotros, como Pedro de Zamudio, Domingo de Azcoitia, Martín de Mántulis o Juan de Olagorta, entre muchos otros. Estos eran los encargados de conseguir los diferentes temples que se exigían para cada sección de la hoja: el cuerpo del arma había de ser flexible y resistente, las líneas de corte, afiladas en ángulo obtuso, debían alcanzar durante el templado la fortaleza necesaria para cortar en el golpe pero sin que resultaran demasiado frágiles, para evitar mellados y roturas; la punta, al fin, debía alcanzar la máxima dureza y rigidez para conseguir en ella un afilado extremo y la resistencia necesaria para hendir una cota de malla o atravesar el hueso.

También se construyeron espadas más económicas, destinadas el equipamiento de ejército regulares y hombres de armas de los señores, que si bien no alcanzaban la calidad de las anteriores, sabían mantener sus cualidades de peso y efectividad, aunque fueran menos resistentes y perdieran con mayor rapidez el corte o la punta.

Estas maravillas de la ingeniería medieval se engarzaba en una empuñadura que no solo debía servir para asir la espada. La cruz defendía la mano que la blandía, el pomo prestaba apoyo al agarre y compensaba el peso del acero, equilibrando el peso del arma a unos cuatro dedos de la guarda, y ambos -pomo y arriaz- resultaban unas muy eficaces armas de impacto, capaces de destrozar la cara de cualquier oponente.

Las espadas que esgrimían los Leguizamón, Basurto o Arbolancha a finales del siglo XV, bien podían ser las contundentes espadas de mano y media o bastardas, de más de un metro de largo y entre un kilo trescientos gramos y los dos kilos de peso, o los más modernos y ligeros estoques, diseñados para reventar las anillas de las cotas de mallas y penetrar entre las placas de las corazas, que sólo raramente alcanzaban el kilogramo.

Un mito bastante extendido es el de la abundancia de estas armas en batalla. Esto es del todo falso. Como hemos dicho anteriormente, una espada era arma muy cara, solo al alcance de caballeros o soldados profesionales, salvo que consiguieran rapiñársela a algún enemigo caído y ocultársela a su patrón. Además, para que fuera realmente todo lo efectiva que podía llegar a ser, se necesitaba un largo y complejo entrenamiento. Por todo ello, los más de la tropa se armaban para la batalla con otro tipo de armas mucho más baratas, de manejo menos complicado e igualmente de eficaces, como hachas, garrotes, martillos, lanzas y alabardas, sobre las que hablaremos algo más adelante.

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Besamanos a Fernando V por los vizcainos en 1476

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Bilbao en el siglo XV

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Casa torre de Etxaburu (fotografía de Txemi Ciria Uriarte)

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La casa, origen del linaje, razón de ser de los bandos

Espada de mano y media, también llamada espada bastarda - 1416

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Armas de lujo para los privilegiados de la tierra

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